El sábado el PRD llevó a cabo una concentración multitudinaria en el zócalo de la Ciudad de México, nada que pudiera alcanzar el calificativo de extraordinaria; sin embargo, suponiendo que la plancha de concreto haya estado repleta de militancia, la emigración de sus cuadros superiores anula toda demostración de fuerza y unidad. Es una realidad que asistimos al resquebrajamiento de un partido de inspiración izquierdista al que uno de sus fundadores, Andrés Manuel López Obrador, le sigue chupando la sangre; aunque, a decir verdad quienes han cavado el fin de esa organización son los cabecillas de las diferentes tribus que lo componen y lo han explotado políticamente, principalmente los mal afamados Chuchos, quienes permanecerán allí para manejar los restos de la franquicia para acomodarla al mejor postor.