Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez
17 de marzo de 2017

*Escobar, Chapo y Duarte
*Estaría 30 años en prisión

EL 2 de Diciembre de 1993, un día después de haber cumplido 44 años (uno más que Javier Duarte de Ochoa), Pablo Emilio Escobar Gaviria (el narcotraficante más importante de aquella época) fue arrinconado por las fuerzas armadas de Colombia tras una llamada a su familia que fue rastreada por el servicio de inteligencia. El capo trató de negociar su rendición, condicionándola a la salida del País de su esposa e sus hijos (algo que, también buscaba –o acaso pactó el ex Gobernador ahora detenido en Guatemala con fines de extradición-), pero esa vez su propuesta no halló eco entre el poder Ejecutivo. Si bien logró evadir al Bloque de Búsqueda durante seis meses más (el mismo tiempo que Duarte), finalmente la preocupación por la situación de su esposa e hijos -bajo estricta vigilancia policial después de buscar fallidamente asilo en Estados Unidos y Alemania-, fue utilizada como carnada para atraer a Escobar que cayó abatido.

TAMBIEN, JOAQUIN Guzmán Loera, alias “El Chapo” fue recapturado –por tercera ocasión- gracias al seguimiento que sistemas de inteligencia nacional le dieron a su familia, sobre todo a su última esposa Ema Coronel, madre de sus gemelas que, al decir de quienes conocen, son más que indispensables en su vida. El 22 de Febrero de 2014, el “Chapo” fue detenido por elementos de la Marina Armada de Méxicoa las 6:40 horas de Mazatlán, Sinaloa, tras reunirse con su esposa en una casa de seguridad intercomunicada a través de túneles. Guzmán Loera –como Escobar Gaviria- no podía estar mucho tiempo sin saber de los suyos, y eso ocurrió, también, con su tercera captura. El 8 de Enero de 2016, a través de Twitter, el presidente Enrique Peña Nieto informó que Guzmán Loera fue capturado por tercera vez en un operativo de la Marina en Los Mochis, Sinaloa, y en el operativo murieron cinco integrantes de su círculo de seguridad y seis más resultaron heridos. Las acciones se desarrollaron luego de que el “chapo” se entrevistó con su esposa e hijas.

A JAVIER Duarte lo perdió –como era de esperarse, tarde o temprano- la familia. No pudo resistir más tiempo estar sin los hijos, y acaso de mottu propio o inducido por su esposa Karime Macías (el cerebro de la organización), logró que la familia de esta se los llevara hasta el hotel La Riviera de Atitlán, uno de los más lujosos del municipio de Panajachel, en Guatemala. Pensó que, tal vez, por ser temporada de asueto, las autoridades descuidarían la guardia, y más aún cuando el periodista Joaquín López Dóriga había dicho, horas antes, que se refugiaba en Canadá, lo que acaso permitió al obeso ex mandatario bajas la guardia con las consecuencias que ya se conocen.

Y ES que nadie pudo avisarle que su concuño, José Armando Rodríguez Ayache había sido retenido horas atrás en el aeropuerto de Toluca, cuando al tratar de viajar en vuelo privado hasta a Guatemala con los tres hijos del ex gobernante (de 14, 10 y 4 años) le detectaron varios sobres con miles de euros y dólares. Y aunque el dinero le fue incautado, no lo detuvieron a fin de que los condujera hasta el destino final que concluyó con la captura de Duarte que deseaba ver a sus hijos. En secreto, el subjefe de Interpol en Guatemala, Manuel Noriega, junto con autoridades mexicanas dieron seguimiento al vuelo; continuaron en tierra el camino de los viajeros y, finalmente, montaron el escenario para la captura sin necesidad de aplicar violencia. El veracruzano, tarde o temprano, tenía que abandonar la madriguera, y lo hizo inducido por el alcohol, ya que al momento de su aprehensión se dirigía a comprar bebidas embriagantes.

PERO, RETOMANDO el pasado, uno se pregunta ¿que lo indujo a perder la cordura? ¿Qué le obligó a desviar el camino que, tal vez, por su juventud y preparación lo habrían remontado a senderos exitosos? ¿Por qué de pronto hasta los hijos dejaron de ser importantes en aras de una ambición desmedida que, sin duda, los involucraba?. Nadie lo sabe, y acaso Duarte tendrá los próximos 20 o 30 años para reflexionarlo a solas, ya que el Gobernador más corrupto que ha tenido Veracruz, difícilmente, saldrá de prisión en muchos años, arrastrando en la podredumbre a su familia más cercana, incluidos sus tres menores que no tienen la culpa de ser descendientes de un sujeto que irresponsablemente marco sus vidas para siempre. Duarte es, sin duda, un hombre que creció con rencores: comenzó a odiar a la vida cuando la muerte le arrebató a su padre Javier Duarte Franco –durante aquel fatídico temblor del 19 de Septiembre de 1985-, cuando la vida comenzaba a sonreírle, porque no era rico, pero en su papá –que trascendía- se perfilaba. Tras su repentino fallecimiento odió la pobreza y la opulencia de algunos y se propuso amasar una fuerte fortuna al precio que fuera: “a mí no me interesa ser recordado como un ex Gobernador bien querido”, solía decir a quienes lo escuchaban, en tanto tejía sus redes polutas que, en efecto, lo llevaron a ser multimillonario a costa del recurso de los que menos tienen pero, también, a la cárcel donde dormirá los próximos años.

ALGUNA VEZ, siendo secretario de finanzas del, entonces, Gobernador Fidel Herrera, Javier Duarte confiaría al reportero: -no sé qué hacer; estoy casi por divorciarme”. Y acto seguido se dijo enamorado de una joven que recientemente le habían presentado (nos reservamos el nombre por respeto), y la respuesta fue evidente: -creo que perderías lo más por lo menos-. -Tomate unas vacaciones, reflexiona, no es lo mejor en estos momentos que estás a punto de ser candidato a diputado Federal; Fidel no te perdonaría semejante desatino-. Veinte días después, el ahora detenido en Guatemala con fines de extradición comentaría: -tenías razón, me hacía falta estar a solas, darme un tiempo y reflexionar. No me divorciaré, pero tampoco la dejaré –se refería a la chica que le había arrebatado la tranquilidad luego de que un grupo de “amigos cercanos” se la acercaron para obtener prebendas a cambio del culto a la personalidad del obeso funcionario. Dicen, ahora, que fue Karime Macías su perdición; que ella era el “cerebro” de la organización más corrupta que ha tenido Veracruz, y que, con todo y ello, el ex Gobernante negoció su entrega a cambio de la exoneración de la mujer pensando en los hijos. Como fuera, el cuestionamiento siempre estará latente: ¿y si mejor se hubiera divorciado? Suponer no es lo correcto, ya que dicen quienes saben que la mala entraña se lleva en la sangre. OPINA carjesus30@nullhotmail.com