En Milenio, Héctor Aguilar Camín, describe con meridiana claridad lo que pudiéramos considerar como “la baja gobernabilidad que caracteriza el momento mexicano…” y se remite al politólogo Samuel Huntington, “para el cual el rasgo definitorio de un orden político no es el tipo de gobierno, sino el grado de gobierno. No importa tanto si el régimen es una democracia o una dictadura, un régimen parlamentario o uno presidencial. Lo importante, dice Huntington, es el grado en que ese régimen gobierna efectivamente, consigue sus objetivos, aplica sus políticas, mantiene el orden, suscita la adhesión o al menos la obediencia de sus ciudadanos. A mayor grado de gobierno, mayor gobernabilidad. A menor grado de gobierno menor gobernabilidad. Cero grado de gobierno es la anarquía pura. Cien grados de gobierno es la dictadura total. La realidad no produce nunca estos extremos (olvida los casos de Mussolini y Hitler). Lo que se encogió en México con la transición a la democracia fue el grado de gobierno. El poder se descentralizó, se fragmentó, se hizo menos hegemónico, más democrático…”.