Queda en incógnita si cuando fingía gobernar Javier Duarte de Ochoa en alguna ocasión se dignó reflexionar sobre las condiciones de hacinamiento en que se encuentran los presos en Veracruz, padeciendo los infernales calores o las inclemencias del frío ante la indiferencia de las autoridades. Si no lo pensó entonces, ahora que está en prisión vive en carne propia aquellas circunstancias, se atreve a solicitar un colchón, un ventilador y una lámpara en su celda, y se queja: “Me encuentro aislado con los otros privados de la libertad. No se me permite hacer deporte y escasas veces he platicado con alguien”, lo dice en una carta que presuntamente presentó a las autoridades del reclusorio y fue divulgada en las redes sociales. No se sabe si atenderán su solicitud o simplemente le preguntarán ¿y la nieve, de qué sabor?