Por David Quitano

03 de abril de 2017

Antes los individuos se hacían, no nacían, y se hacían por medio de la disciplina y del adiestramiento.
George Marshall.

A principios del siglo XX, en España habitaba uno de los pensadores más relevantes de su época, me refiero a Ortega y Gasset, quien escribió un prodigioso libro que lleva por nombre: La rebelión de las masas, en el cuál realiza un advenimiento del posicionamiento de las masas, como consecuencia de una hiperdemocracia, lo que nos conduciría a una aglomeración de todos los espacios sociales.
Menciono lo anterior, porque siguiendo con la idea de Ortega y Gasset, la posiciono en el contexto vigente de la sociedad mexicana y en lo particular veracruzana, en la cual podemos observar una lamentable apoteosis edificada en la herencia de los puestos públicos, sustentada a su vez dentro del nuevo cacicazgo electoral.
Dicho movimiento lineal de quienes conforman las listas electorales, se refleja como el último llamamiento apocalíptico de la erosión institucional de nuestro sistema de partidos.
Es decir, la sociedad se encuentra mostrenca, con respecto al crisol de pensamiento electoral, la alineación de movimientos al pasar de un partido a otro, muestra que las fuerzas de mercado inciden en el marketing electoral, donde la venta de un producto es el sustento del vaciamiento institucional vigente.
Lo cual representa que progresivamente, la aceptación social, se encuentre huérfana, solitaria y sin dueño, con respecto de un proyecto de Estado, lo anterior como consecuencia de una contextura en la cual, toda la sociedad hace ruido sobre los procesos políticos, pero ese emolumento no pasa del instante y no trasciende en el tiempo.
Observamos desde un monitor, como los conflictos de intereses en el proceso electoral, son una constante, pero nuestro cromosoma colonial, nos dice que es normal, parecemos ser un conjunto segmentado, en el cual el futuro está dado, para que un puñado de familias se queden con la conducción de nuestros destinos, donde el servilismo parece ser una constante.
Esta vida mostrenca, nos ha dejado una carencia de políticos de oficio, que hemos cambiando por adláteres del momento, aplaudidores de incipientes monarquías electoreras, profundamente erigidas en los conflictos de intereses.
Nos creemos libres, al expresar lo que pensamos en las redes sociales, como catarsis disfuncional, que no genera terso resorte. Mancillado entorno, que no permite disfrutar de un hálito de esperanza, cuando ya la realidad golpea nuevamente.
La narrativa es homogénea, con respecto al concepto fundado de imposibilidad de cambio, ya que estos parecen ser cada vez peores, es como si los borrachos se hayan vuelto los dueños de la cantina.
Precaución en el ascenso de sujetos inmovilistas, urgidos de defender las manecillas de reloj de la historia contemporánea, y al paso afanoso de moverlas hacia atrás, hasta destruir toda la maquinaria institucional trabajosamente construida.
En definitiva, todo retardo o conflicto con las aspiraciones de nuestro entorno, es traición social, lo cual constituye una regresión en la ruta ascendente que ha de recorrer el país.
Recordando:
•    El presente escrito está dirigido a todos, y a nadie.
•    El BID sugiere a México crear un consejo independiente que evalúe el presupuesto. Seguramente no cree todos los números que publica el gobierno federal.