Polìtica
Por Mario Mijares
17 de abril de 2017

1.- Martin Lutero quien se caracterizó por exhortar a que la Iglesia cristiana regresara a las enseñanzas originales de la Biblia, dijo alguna ocasión: “Tengo tres perros peligrosos: la ingratitud, la soberbia y la envidia. Cuando muerden dejan una herida peligrosa. En la “Semana Mayor”, como es conocida en el ámbito religioso, para algunos, son días de recogimiento espiritual, otros más, para salir de esparcimiento. Los menos, en continuar observando la realidad del país y del mundo. Pero, sobre todo, sin perder de vista la enorme cantidad de corruptos que continúan saqueando los bienes públicos. Todas estas bestias de poder, se olvidan de la sentencia de uno de los mandamientos bíblicos, que señala; “no codiciar lo ajeno.”

Qué difícil debe ser cumplir con este precepto, así como los demás mandamientos, sobre todo, cuando la codicia está presente en el ser humano, no importando el status intelectual o económico del individuo. Y por mucho que hayan alcanzado acumular o robar, para este tipo de individuos, nunca es suficiente, se pueden dar miles de ejemplos, pero sólo expondré los recientes casos en Veracruz, empezando con Enrique Peña, protector de estos saqueadores como son: Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera Beltrán, Javier Duarte y Karime. Esto a pesar de tanta gratitud de Miguel Ángel Yunes, gobernador panista, hacia el presidente, quien ni lo voltea a ver, pero quizás sea su consciencia, la cual delata sus invariables actos fallidos.

El saqueo público lo cometen, siempre pensando en hacerse cada día más ricos, lo cual enferma a las personas pensantes y conscientes, y es que tales latrocinios se llevan a cabo en un país y sobre todo en ésta entidad federal, en donde viven millones de personas que están en la miseria. Aun así, el espectáculo macabro de la codicia es desenfrenada, ya que se da en mayor grado, lo cual resulta repugnante.

2.- Los ambiciosos de los bienes públicos, poseen una patología muy peculiar sobre la envidia del dinero, hecho que se convierte en embrutecedor, pues incluso lo muestran orgullosamente en los medios. Lo cual sin duda es una avidez insaciable, incluso provoca miedo, entre cierta población. Sus deseos perversos, manifiestan un reflejo que expresa su codicia, e inclusive en ciertos momentos se sienten a sí mismo dioses.

3.- Ahora bien, la autoridad democrática es todavía más perversa, por lo menos así lo exponen los sabios griegos en su teoría clásica. Lo malévolo de la esencia democrática, es que está sobre la base de la igualdad y la prodigalidad, por tanto, todo lo justifican bajo este principio, pondré el ejemplo de la envidia. Y dado a que todos somos iguales, todos podemos envidiar a todos. Así de esta forma, el más pobre, le gustaría ser un gran financiero, y es que, según su visión, ninguno se puede considerar excluido de nada, ya que cualquier cosa que tengan otros yo lo puedo poseer. Lo peligroso de tales bárbaros que viven de lo público, es que lo confunden con lo privado, y como lo público no hay nadie que lo reclame, es lo más fácil de extraer. Entonces si la propiedad privada hiere en lo injusto contra lo ajeno, es evidente que lo público prima sobre el privado.

Otro de los ingredientes del manejo democrático, por parte de los dueños del dinero, definidos por la teoría clásica como oligarcas, es la ostentación por parte de la mayoría de éstos. Los cuales se quieren sentir precisamente envidiados, esto les da según ellos un prestigio, ya que quienes los envidian les ofrecen un relativo homenaje. De ahí que las revistas especializadas, que muestran las casas de éstos, los cuadros, joyas, muebles de marca, sin olvidar los automóviles de lujo, sin duda un patrimonio exclusivo de las clases ricas y servidores públicos corruptos.

4.-   En México, el patrimonio de la nación es exclusivo de quienes arriban a administrar en los tres niveles de gobierno, la falta de respeto a los habitantes es parte de esta codicia, que sólo da los que tienen la posibilidad de llegar al poder, por medio del fraude, lo anterior es lo que ha sucedido desde hace más de medio siglo. Por desgracia, no es un pueblo que reproche las depredaciones al país, de ahí la lujuria y el terrible abuso de la mayoría de ellos, todos salidos de las filas del PRI; PAN; PRD y PVE.

El gran Orson Welles en su obra maestra, El Ciudadano Kane, plasma del cómo el protagonista principal, acumula objetos de todo tipo en su mansión de Xanadú, compra hasta cuerpos y conciencias. Él había conseguido todo lo que otros le afirmaban que hacía felices a las personas, pero al final entendió que jamás obtendría: el afecto, amor, respeto. “nadie es realmente digno de envidia”. Parafraseando a Fernando Savater: Los diez mandamientos han sido finalmente una lista de frustraciones personales, desde el punto de vista cultural.