Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno

La detención del ex gobernador Javier Duarte de Ochoa ha buscado ser aprovechada políticamente, desde el principio, por el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares.

Lo primero que hizo el régimen yunista tras la captura del político “más odiado de México”, como ya lo llaman en algunos medios, fue vanagloriarse. Sin recato, se adjudicó la aprehensión de Duarte de Ochoa como un logro propio por el hecho de que en campaña, el entonces candidato Miguel Ángel Yunes Linares presentó denuncias penales contra el mandatario en funciones en ese momento. Denuncias que no procedieron en la Fiscalía General del Estado, controlada por el duartismo, y que se quedaron en el nivel de mera pirotecnia electoral.

Lo mencionamos antes en este mismo espacio. El proceso jurídico por el que Javier Duarte de Ochoa está hoy en prisión es el derivado de las denuncias presentadas por el Servicio de Administración Tributaria de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público por el caso de los desvíos de recursos y lavado de dinero de las empresas fantasma, documentado periodísticamente por el portal noticioso Animal Político el año pasado.

Además, y como también destacamos en una entrega anterior de la Rúbrica, la detención de Javier Duarte la realizaron la Interpol y la Policía Nacional Civil de Guatemala, en coordinación con los servicios de inteligencia del gobierno mexicano. Que sepamos, la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Veracruz no tuvo intervención alguna. Si no puede ni con las bandas criminales locales.

El caso es que en Veracruz se ha buscado a como dé lugar sacar raja política de la captura de Duarte. Aunque en honor a la verdad, con lo que realmente contribuyó Yunes Linares para lograr la caída del duartismo fue con su victoria electoral del 5 de junio de 2016 –que definitivamente no es poca cosa- y con la “cacería” de los operadores financieros del ex gobernador, como Moisés Mansur Cisneyros y José Juan Janeiro Rodríguez, quienes al saberse acorralados delataron a sus cómplices y señalaron tanto las propiedades adquiridas a través del desvío de recursos como los esquemas mediante los cuales movían el dinero malhabido. Hasta ahí.

Como sea, e incluso concediéndole el mérito a Yunes Linares, uno de los principales efectos que tendrá el encarcelamiento de Javier Duarte de Ochoa es que su figura dejará de servir de pretexto para que la presente administración no dé resultados.

“Cumplida” la principal promesa de campaña de Miguel Ángel Yunes Linares, que era llevar ante la justicia al ex gobernador, el régimen que encabeza tendrá que comenzar a dedicarse a hacer lo que debe, en lugar de perder el tiempo en politiquería. El tema Duarte saldrá poco a poco de la agenda mediática, aunque se le quiera meter con calzador expropiando presuntas propiedades del ex mandatario y rasguñando las piedras para ver si hay algo que sacarles.

Y entonces ya no habrá manera de ocultar lo que se deje de hacer en Veracruz. Ya no habrá distractor que valga para que la población no exija que la presente administración cumpla con lo demás que se prometió en campaña, y que pasa, entre otras cosas, por devolver la seguridad perdida a la entidad, algo en lo que hasta ahora, se ha fracasado estrepitosamente.

Ya es momento de que, por fin, se pongan a gobernar Veracruz.

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