Con el rostro huraño Duarte de Ochoa, esposado, recorrió el pasillo que conduce al sitio donde se celebró la primera audiencia a la que seguirán muchas más; escuchó preguntas quemantes unas con el usted otras con tuteo: “Señor Duarte, ¿es usted inocente o culpable?” “¿siente un tipo de vergüenza de todo lo que le están acusando?” “¿Vas a aceptar la extradición?” “Sabes lo que te espera?” Tras esto y lo que viene es dable recordar la sentencia latina: “Sic transit gloria mundi, “Así transita la gloria del mundo”.