Se está volviendo costumbre atribuir a la militancia priista la culpa de la corrupción en México, lo cual se entiende para efectos de campaña electoral, pero el argumento pierde peso cuando se advierte el mismo fenómeno en militantes de otras organizaciones partidistas. Más aún si se considera el largo periodo del PRI hegemónico cuando toda la estructura del gobierno era priista, y el gran número de funcionarios que prohijó en comparación con los de otras siglas. La reflexión deviene de la entrevista al sacerdote Alejandro Solalinde, quien ya milita en Morena lo cual no es criticable, pero le carga toda la culpa al PRI de cuanto en México ocurre; no atiende ni tiempos ni circunstancias, mucho menos las condiciones sociales, económicas, políticas e históricas del país. Pero Solalinde agarra parejo y pierde templanza ya sea por su animadversión al gobierno de Peña Nieto o bien por sus simpatías hacia López Obrador. La objetividad quedó atrás.