En su sección editorial El Universal suscribe: “cuando el Presidente Enrique Peña Nieto dijo que la corrupción era un mal de origen cultural recibió críticas. Desde entonces el mandatario ha repetido esa aseveración porque, dice, ‘para hacerle frente tenemos que partir de reconocer esta debilidad y del fortalecimiento de instituciones que permitan combatir prácticas de corrupción’ y cita un dictamen de la OCDE: ‘Existe una fuerte percepción de que los ciudadanos en México son apáticos hacia la corrupción’. El aspirante al gobierno de Nayarit, el tristemente famoso Hilario Ramírez, alias ‘Layín’, es un caso emblemático de ello. La gente votó por él pese a haber admitido robar a la administración pública cuando fue alcalde por primera vez. […]. El gobierno es corrupto, se repite en los espacios públicos una y otra vez. Puede ser cierto, sin embargo, ¿sería diferente el comportamiento de cualquier otro integrante del pueblo si tuviera también la oportunidad de robar? No necesitamos a gente ‘buena’ para combatir la corrupción (ser parte del “pueblo” no garantiza bondad). Lo que se requiere son mecanismos de transparencia e instituciones sólidas”.