Conocedor de las reglas que operan en el sistema político priista, al cual ha pertenecido junto con el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, pero sobre todo conocedor del carácter del mandatario choleño y con una evaluación del estado irresoluble en que se encuentra su ex jefe Javier Duarte de Ochoa, Flavino Ríos Alvarado ha llevado la negociación de su situación personal a un extremo suficiente que ahora lo devuelve a la cálida y lujosa comodidad de su mansión.

Es irremediable. Nada se puede hacer por Duarte. Todo lo hunde. ¿Qué tanto es tantito, si con datos precisos de sus apuntes personales se empuja a Javier un poco más profundo del atolladero en que está, a la vez que logra que el gobernador le ordene al Poder Judicial una ficción para irse a reposar tranquilo a su palacete?

A lo mejor hasta conserva la notaría, cuando la Dirección del Registro Público de la Propiedad y de Inspección y Archivo de Notarías “se percate” de que los delitos no son tan graves y que no ha atendido su función de fedatario debido a que ha estado enfermo.

Ya se va del hospital directo a su casa. Ojalá que los acuerdos incluyan la devolución de los recursos del IPE, que el entonces secretario de Gobierno no tuvo reparos en sacar de las cuentas y no devolverlos, y que los inermes jubilados y pensionados del IPE, que lo denunciaron porque efectivamente usó vías de hecho, no tengan que esperar el nunca jamás de la justicia.