Aunque nada que perturbe al mundo, la pifia es seria: ¿cómo es posible que un embajador confunda la bandera del país en el que va a representar a México? Es un detalle elemental conocer la historia, el entorno social, económico y político en donde se es embajador, de otra manera la misión se convierte en viaje placentero sin correspondencia para México. El nombramiento de Jorge Castro-Valle como embajador de México en Noruega debe pasar por la ratificación del senado mexicano que convertido en sinodal por lo menos debería leer la cartilla al descuidado embajador.