Reformas cuyas expectativas despertaron la esperanza nacional, pero no aterrizan en buena forma; revelaciones sobre la Casa Blanca, Ayotzinapa, Tlatlaya y ahora El Palmito, un video en donde se observa a un militar disparando a la cabeza de un detenido, han sido los malos síntomas del gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto. Poblaciones que se enfrentan abiertamente al gobierno con resultados sangrientos son señales manifiestas de un tejido social deshilvanado; sus causas devienen de la desigualdad social, de la pobreza extrema que sufre más de la mitad de los mexicanos, una problemática a la que el gobierno no atina a resolver, por motivos que deben atribuirse a incorrecta operación política y al fracaso en la implementación de los problemas sociales, ni modo que a la mala suerte.