Lo sucedido ayer en Huatusco debe preocupar a las autoridades estatales y del gobierno federal, pues de ninguna manera es intrascendente el que se haya agredido a AMLO estrellándole dos huevos en la cabeza. Pudo ser un ladrillo, como aquel lanzado contra el actual gobernador en julio del año pasado frente al Congreso local, entonces las consecuencias hubieran sido catastróficas. Aunque ese tipo de agresiones no es nuevo, pues recuerda aquel contra Cuauhtémoc Cárdenas en Xalapa cuando siendo candidato del PRD a la presidencia un grupo gay se empelotó frente a él dificultándole la salida. Ojala ese tipo de conducta no escale, porque el siguiente paso pudiera ser verdaderamente peligroso.