Luego de las mantas desplegadas en el Estado de México con leyendas amenazantes contra su vida, Andrés Manuel López Obrador utiliza un discurso mu a modo: se hace víctima de la inseguridad y proclama “Tengo miedo, pero no soy cobarde”; así debemos creerlo, porque quien como AMLO enfrenta los rigores de un sistema político al que combate requiere de entereza de ánimo. Sin embargo, su condición de aventajado pre candidato a la presidencia de la república, su discurso contestatario añade vulnerabilidad a su persona, por lo que es temerario de su parte no aceptar las medidas de protección ofrecidas por el gobierno. No es solo un asunto de López Obrador ciudadano, sino de un actor político tras del cual millones de personas cifran esperanzas y México no está para inmolaciones mesiánicas.