Línea Caliente
Por Edgar Hernández*

¡Lo protege el acuerdo de Bucareli!

Tras su huida, Javier Duarte nunca abandonaría México. Chiapas sería la cortina de humo para él y su familia.

Esta es la historia de un escape concertado.

Cuando el 12 de octubre del año pasado el ex gobernador decide pedir licencia y desparecer los siguientes meses en busca de una tercera vía, la negociación, siempre confió –como hasta la fecha- en que se respetaría el presunto “Acuerdo de Bucareli”.

Así, al organizar su huida nada dejaría a la casualidad o a decisiones de última hora.

Con la tolerancia de la PGR, el respaldo de la Armada de México, manteniéndose lejos de la mira de la Interpol y siempre en concordancia con la Secretaría de Gobernación, y sus aliados de Chiapas, el ex gobernador Juan Sabines y el actual Manuel Velasco Coello, armó su exilio y refugio que al paso de las semanas alcanzaría a sus hijos, suegros y la familia de su esposa.

De acuerdo al mapa de escape de Duarte, en manos del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, Cisen, la estrategia de la fuga se empezó a fraguar después del 5 de junio del año anterior tras la derrota priista e inminente asunción de Miguel Angel Yunes.

Luego de una desocupación hormiga de “Casa Veracruz”, los siguientes 60 días, el 28 se agosto amanece con que el gobernante ya despachaba en unos galerones habilitados como oficinas al pie del aeropuerto El Lencero.

Se filtró además que todos los días volaba al rancho “El Faunito”, en Córdoba, para supervisar el fin de las obras de tan fastuosa propiedad hoy decomisada.

Semanas después, en voz del propio mandatario, se sabría que vivía de manera provisional en una mansión en el fraccionamiento “Club de Golf”, frente a la terminal aérea El Lencero, del municipio de Emiliano Zapata, donde el costo de una propiedad no es menor a los cinco millones de pesos.

Así entre el 28 de agosto y el 12 de octubre Duarte, fragua su plan de huida tras una despedida simbólica de sus aliados y colaboradores a finales de septiembre. Todo en el marco de una primera determinación de la PGR de ir por su cabeza y la de 69 colaboradores y familiares a quienes “investigaba propiedades”.

Es así que el martes 11 de octubre –todo sucede el año pasado- Duarte viaja a la ciudad de México para reunirse con el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong llevando consigo la hoy legendaria “Carpeta Azul”.

El encuentro no fue desmentido.

Se realizó tras una reunión que sostuvo Osorio con el Secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Jeh Johnson, de acuerdo con información obtenida por el periodista veracruzano Alejandro Aguirre y confirmada por la Secretaría de Gobernación.

¿Qué se dijo en ese encuentro Osorio-Duarte?

Javier Duarte, según confirmaría el propio Cisen, presentaría un revelador documento –la “Carpeta Azul”- que reseñaba acciones políticas y financieras poco higiénicas en favor de su partido, el PRI; del respaldo en dinero para aspirantes a cargos de elección popular –no necesariamente veracruzanos-, desde gobernadores al propio candidato presidencial; de cesiones y concesiones a secretarios de estado y legisladores federales en negocios y oscuras complicidades en temas de carácter criminal.

Todo lo comprable en política lo había comprado… y documentado.

Duarte desde que asumió la gubernatura supo las consecuencias de todos sus ilícitos y con quién los había cumplido; de la proporción del saqueo al erario por la vía de la licuadora y cómo fue el reparto en contubernio con  personajes locales, nacionales, de los partidos aliados y de oposición, así como de la entrega de parcelas de poder y dinero a un sinfín de cómplices.

Duarte se sabía culpable de sus atrocidades cometidas, pero también de la responsabilidad de la red de quienes ayudaron y ayudó, máxime que las tenía documentadas y filmadas. Por ello esa legendaria expresión que un día le sorrajó a su padre putativo, Fidel Herrera, cuando le dijo: “Me iré al infierno… ¡Pero no voy solo!”.

Así, luego de una serie de consultas cupulares, el secretario de Gobernación le comunicó a Javier la decisión federal tomada la misma noche del 11 de octubre sustentada en su inmediata licencia al gobierno, dar espacio y legitimación a Miguel Angel Yunes, y en principio, esperar a que finalizara el sexenio de Peña Nieto, para observar la resultante político-jurídica.

Así, con ese convencimiento de que concluía se gestión y que en el peor de los casos sería presentado ante un juez pero de carácter federal para estar lejos de las manos de Yunes Linares, es que propone complementar la licencia con un plan de fuga protegida.

Por las dimensiones de la corrupción y el saqueo de recursos públicos le resultaba barato a Duarte esconderse por un tiempo y pactar impunidad para Karime, la familia de su esposa y, fundamentalmente para su madre y hermanos ya para entonces fuera del país.

“¡No hay problema!”, le garantizó el secretario de Gobernación.

Y para el primer círculo de amigos y colaboradores tampoco los habría. Los tenía blindados no solo con diputaciones federales y locales, sino con un compromiso amarrado con el líder de la bancada priista nacional Cesar Camacho Quiroz de quien obtuvo la garantía de que no habría desafuero para ninguno de ellos… ni para Tarek.

Fue así que las partes determinan el punto de refugio.

Sería Chiapas por varias razones, entre ellas porque de meses atrás Duarte había habilitado y preparado el rancho “San Francisco”, ubicado en ciudad Villa Flores, tierra de Karime, para ubicar su primera residencia.

En segundo lugar debido a que parte de sus inversiones –cien propiedades, empresas fachada y negocios con los dos últimos gobernadores-, los tenía en esa entidad. Con el ex gobernador Sabines, actual cónsul en Orlando, tenía de años atrás en sociedad, tres compañías ligadas a la red fachada por la cual obtuvieron 118 millones de pesos entre 2010 y 2012 por la realización de labores de outsourcing en el transporte público.

Y una cuarta empresa fachada en donde está atrás la mano del actual gobernador Velasco, a quien Duarte y Fidel apoyaron financieramente para que llegara desde el Partido Verde, permitieron un jugoso negocio en la “Operación Conejobús” de Tuxtla Gutiérrez, empresa que se encarga del transporte público con una cara visible, el empresario Víctor Manuel López Gachuz.

La red de complicidad del gobernador Velasco parte de la relación estrecha con Javier Herrera Borunda, producto de la alianza Fidel, José Murat, Enrique Jackson quienes pintan de Verde a Chiapas y para Fidel representa el primer experimento para clonarlo en Veracruz con su hijo Javier en el 2018.

Así pues, el martes 12 anuncia de manera sorpresiva en un programa de noticias de Televisa que pedirá licencia. Se traslada a Xalapa para el último trámite de gobierno y ponerse de acuerdo en su fuga con Flavino Ríos para que en horas de la noche del 13 de octubre arribara a Tuxtla Gutiérrez, en compañía de su esposa.

Semanas después sus suegros Tony Macías Yazagey y esposa  harían lo propio el 29 de noviembre moviendo a los nietos con ellos. Abandonaban Coatzacoalcos  bajo el pretexto de acoso gubernamental.

Sin embargo, lo que parecía una fuga protegida se convirtió en una pesadilla dada la celebridad que alcanzó la legendaria pareja Duarte/Karime solo comparada con Bonie&Clyde.

El 27 de octubre es avistado por los Colectivos de Chiapas quienes le informan al padre Solalinde, quien da la voz de alerta iniciando así la pareja, una ruta de movilidad por toda la entidad que al paso de los meses y tras la detención del ex gobernador Tomás Yarrington, terminaría por cambiar las reglas del juego al avisarle la segunda semana de abril, ya en 2017, que tendría que entregarse.

Pero esa historia se la platico mañana.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo