David Quitano

El progreso social es consecuencia del progreso individual
Manero

El mundo moderno, surge de eso que podemos llamar una crisis del idealismo, frente a un rápido encubrimiento del materialismo.
Ante esa condición, quedaron atrás la páginas místicas y convencionales arrancadas al libro de la teoría de la representatividad, por parte de las élites gubernamentales, mismas que fueron sustituidas por los intereses blasfemos y disruptivos.
Los cuales se ven, fuertemente sustentados en las campañas desde hace poco más de 10 años, le apuestan más a la facha, que, a la sustancia, el candidato promedio no puede hilar más de dos oraciones, no tiene claridad en el período de su existencia.
No hay alegría, no hay ideas, resalta el escepticismo a la mitad de las campañas. La experiencia histórica nos muestra que nada es más triste que la desesperanza. La aguda realidad balea los corazones que sueñan con una sociedad mejor.
La matriz identidad, es buscar ser “populares” sin una claridad propia, tanto que ningún aspirante fija postura, por el miedo al costo político, cuando de los mismos deberían surcar una trayectoria de ser una opción diferente.
Está bien que los candidatos lleven sus Bullets, pero que lean absolutamente todo en sus ‘debates’, evidencia el nulo conocimiento y manejo de la cosa pública.
Cuando vemos a nuestros pequeños, es inevitable para aquellos que tenemos cierta conciencia del acontecer social, que no pensemos en qué les heredaremos, ya que el tejido social se torna cada vez más débil y los que deberían ser conciliadores, no dicen nada.
Más, ahora que contamos con marcos legales que protegen y garantizan la actividad política, con presupuestos destinados a la promoción de nuestras ideas, con una serie de logros que son, precisamente, fruto de la tenacidad de aquellos que no se rindieron ni ante las peores adversidades, porque sabían que un bien superior abanderaba su sacrificio.
Sin embargo, con las nuevas redes, el hombre de nuestro tiempo, dramático y convulso, rebelde ante una libertad sin justicia y tristemente abnegado en las lágrimas de una miseria que campa tan ampliamente que ni lo plástico, ni la podredumbre lo puede ocultar.
Pero no todo es malo, hoy como ayer y siempre, la juventud sigue desatando prometeos y envuelta en la vorágine del mundo sigue alentando la esperanza de los hombres.
Lo cual requiere participación para subsanar el vaciamiento de mandato que se nos avecina, inteligencia para salir al paso frente al fundamentalismo y la época de lo correcto, donde hay una sociedad cada vez conectada con el mundo, pero desconectada de su entorno y sus afines.
Tesitura que demanda lograr nuevo concepto y realidad de justicia social, es necesario que mantengamos vivo nuestro anhelo de superación del descubrimiento de nuestras posibilidades y la fuerza vigorosa del pensamiento, para hacer más humano el mundo, más justiciera la conducta del hombre, sustituyendo la servidumbre por la dignidad, la bajeza de los instintos por la alteza de miras, sobre todo, alentando el ideario de nuestra república ante los desmanes del poder para crear un nuevo liberalismo, apegado a una realidad social que corresponda a una aspiración plena de mejora económica.
Porque el hecho de que nuestras futuras autoridades municipales no estén al a la altura de los retos, no significa que nos postraremos ante esa trayectoria, hoy más que siempre debemos empujar con ideas y visiones periféricas que nutran la escasa visión de políticas públicas y acciones de gobierno que tendremos enfrente.
Recordando:
Platicando con mi padre vino el aforismo: Los verdugos de hoy, serán las víctimas de mañana.