Sabino Cruz V.

El proceso para renovar las presidencias, sindicaturas, regidurías, direcciones, coordinaciones, jefaturas, y demás menudencias propias de la admiración local de los doscientos doce municipios del estado de Veracruz, en su etapa final ha comenzado. Hombres y mujeres por méritos propios, cuota sindical/empresarial, herencia sanguínea o por imposición cupular, en menos de treinta días deben mover la maquinaria electoral con ideas “pegadoras”, empatía con el pueblo y varios miles de pesos para “agradecer” el apoyo que asegure alzarse con la victoria.
Con excepción de la señora Eva Cadena, globalmente conocida como “la “recaudadora”, que en la víspera renunció a la oportunidad de servir a sus paisanos choapanenses, el resto de los contendientes, por todos los medios impresos, digitales, radiofónicos disponibles en la localidad, y con apoyo “incondicional” de amigos, allegados o arrimados, arengan a los electores con promesas electoreras: fundación de universidades donde no hay alumnos que las demanden, apertura de corredores industriales donde no hay agua que las abastezca, creación de miles de empleos dónde no existen empresas exitosas. En fin, cual más, cual menos hará promesas que difícilmente cumplirán o, en el peor de los escenarios, se cumplirán a medias o mal.
Políticos de carrera o improvisados, recorrerán calles, visitarán casas, templos, iglesias, inauguración/clausura de juegos deportivos, agrupaciones de la diversidad sexual, bares, cantinas, mercados; y darán entrevistas o sostendrán reuniones con los sectores de su localidad, para afianzar los votos necesarios y suficientes para llegar a ser “el buenas” que traerá –ahora sí, de una vez y para siempre- bienestar, seguridad, salud, empleo, inversiones, agua potable, caminos rurales, educación, pavimentación, alumbrado público, drenaje, áreas recreativas, etcétera.
Nuevas y viejas mañanas de candidat@s reciclados o advenedizos, que afanosamente van por el triunfo electoral, en los próximos cuatro años tendrán bajo su responsabilidad la paz social de millones de veracruzanos y veracruzanas; de sus acuerdos, alianzas, decisiones consensadas o por capricho, dependerá el presente/futuro de un Estado abundante en riqueza natural, mineral, pesquera, agrícola, ganadera, acuífera, artística y cultural, pero también de intereses mezquinos, camarillas, deslealtades, pobreza intelectual y de virtud cardinal. La cara oculta de los doscientos doce que serán votados esté próximo 4 de junio, solo la conoceremos a través de sus actos y obras que realicen.
Por lo que toca a la capital de los veracruzanos -ofrezco una disculpa por el localismo- en lo que hace a lo artístico y cultural, que es el campo que más conozco, digo en descargo de conciencia que de los contendientes: Ana Miriam Ferráez Centeno (PAN/PRD); José Alejandro Montano Guzmán (PRI/PVEM), Pedro Hipólito Rodríguez Herrero (MORENA); Carlos Arturo Luna Escudero (MC); Brenda Aguilar Blanco (PES); Nicanor Moreira Ruiz (NA); Juan David Ovando Aguilar (PT); Antonio Luna Andrade (CI), solo con cuatro he conversado, de los cuales solo uno planteó propuestas concretas, viables y coherentes.
Al primero que le pregunté, cuál es su concepto de cultural, y qué ha hecho para el desarrollo del artes en Xalapa, fue con Nicanor Moreira Ruiz, quien se concretó a decir que forma parte del patronato de la Orquesta Sinfónica de Xalapa y que con esa agrupación musical estaban trabajando para llevar, “por primera vez”, música sinfónica a los municipios del Estado; además que de llegar a la alcaldía le daría mucho impulso a lo cultural, pues Xalapa tiene fama de eso.
Con Ana Miriam Ferráez, por deferencia a su padre, le pasé por escrito las preguntas para que sin presión redactara las respuestas, comprometiéndome incluirlas en mi columna tal cual me las pasara. Es la fecha en que sigo esperando sus notas. Algunas incoherencias compartió en esa ocasión, de lo cual nada tengo que comentar.
Carlos Luna Escudero, tuvo la amabilidad de pedirme le aceptara la invitación a desayuna y que llevará a algun@s amig@s para que le compartieran su visión e inquietudes sobre la situación del arte y la cultura en la ciudad. De esa charlo surgió el compromiso, en caso de llegar a la presidencia, de asignar un millón de pesos para que jóvenes creadores disponga de recursos para realizar obra; también se habló de separar la educación y el deporte de la cultura, no seguir nombrando en ese puesto a personas sin experiencia y legitimación de los artistas de la ciudad; así como darle un mejor usos a los espacios culturales, incluidos los kioscos y área verdes.
La última persona con la que compartí alimentos, fue con Alejandro Montano, quien quizás por el formato de la reunión, no tuvo la oportunidad de expresar abiertamente lo que sabe/piensa sobre lo artístico/cultural de la ciudad, y cuáles serían las acciones concretas para su desarrollo. Reconozco en él la valentía de enfrentar un proceso electoral en una etapa en la que el Revolucionario Institucional está a la baja y con muchos reclamos por delante.
De los otros candidatos a la alcaldía de Xalapa, en caso de que alguno de ellos ganaré, como el que está por salir, esperaría no pasar de la ilusión a la decepción, rayando en el enojo. El limitada conocimiento que tiene del arte y la cultura en general, pero de Xalapa en específico, se reflejó en la política cultura que impulsó durante cuatro años.
Comentario Breve
Autoridades de la Universidad Veracruzana, del Instituto Veracruzano de la Cultura, o del Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias me imagino que aún no se han enterado que el pasado 28 de abril falleció uno de los más prolíferos y reconocidos escritores, el novelista, cuentista, y considerado uno de los más grandes narradores mexicanos, Félix Jorge López Páez, Premio Internacional de Cuento de La Palabra y el Hombre, 1992; Premio Nacional de Ciencias y Artes, 2008. Becario de la Fundación Simón Guggenheim en 1983-1984 y creador emérito desde 1999.
Como tampoco saben de qué entre su producción literaria están las novelas: Hacia el amargo mar (1965), Mi hermano Carlos (1965), La Costa (1980), Silenciosa Sirena (1989), Ana Bermejo (1996), y Mi padre general (2004), y seis libros de cuento, El que espera (1950), Doña Herlinda y su hijo y otros hijos (1993), De Jalisco las tapatías (1999) y El Nuevo Embajador (2004). Bueno pues ya cumplí con avisarles.