Hablando Derecho
Por Tomás R. Domínguez Sánchez
17 de mayo de 2017

 Las leyes inútiles debilitan a las necesarias.

Barón de Montesquieu (1689-1755)

Escritor y político francés.

Hace algunos días, en la Cámara Baja del Congreso de la Unión, se presentó una iniciativa de ley impulsada desde el grupo parlamentario del Partido Acción Nacional por los Diputados Federales Claudia Sánchez Juárez del Estado de México y Elías Octavio Íñiguez Mejía del Estado de Jalisco, en la que proponen que en caso de que alguna empresa o particular introduzca, adhiera o adjunte tatuajes a los productos de consumo humano, así como a quienes se encarguen de su distribución y venta, serán acreedoras a las sanciones económicas y administrativas que la autoridad reguladora le imponga.

Las reacciones a dicha iniciativa no se hicieron esperar -y no es para menos- porque se desató una interminable lista de opiniones en contra, duras críticas, pero sobre todo el descontento generalizado por el pensamiento y la intención retrograda que dejaron notar los militantes del PAN con las frases contenidas en la exposición de motivos:  gustar y padecer exhibir los tatuajes, que hoy muchos de los niños y jóvenes portan, resulta inconcebible, o ¿Qué tal esta?: estas prácticas a temprana edad constituirán un referente que motivará el uso de tatuajes definitivos, que marcarán, permanentemente, sus cuerpos en forma general y reiterada, y sin duda la que más ignorancia denota: es preocupante el deterioro que registran los valores de la sociedad contemporánea, que fundamentalmente repercuten en la infancia y en la juventud del país.

La cereza del pastel fue la participación en la Tribuna de San Lázaro de la diputada Claudia Sánchez Juárez del Estado de México -quien por cierto, es de representación proporcional y, según su curricula, es licenciada en Derecho- tuvo la osadía de presentar la iniciativa y decir que hay establecimientos que cumplen bien con las medidas sanitarias requeridas, también hay que reconocer que aún hay muchos sitios donde no se toman las previsiones sanitarias mínimas, lo que trae consigo riesgos cuyas implicaciones requieren del fortalecimiento de nuestro marco jurídico en aras de prevenir daños a la salud de la población, principalmente infantil y juvenil, entonces que pongan el ojo en aquellos establecimientos que no cumplen con las disposiciones sanitarias, y que los regulen, pero que no digan que al tatuarte tus valores se pierden, porque eso es limitar el derecho a la libre decisión, el cual se encuentra consagrado en la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos que es nuestra norma Suprema.

Ahora bien, basta recordar que el origen de los tatuajes es milenario y aunque no se sabe exactamente como y cuando surge, se debe decir que nació con diversos significados que eran desde los curativos hasta las más altas muestras de valentía, valor y reconocimiento, lo cierto es que en algunas épocas el tatuaje fue estigmatizado, sin embargo, al paso de los siglos fue ganando terreno como un arte y como una forma de expresión; en nuestros tiempos no se considera una causante de pérdida de trabajo, señalamiento social y mucho menos como pérdida de valores. Estos diputados con su iniciativa tumbaron en un par de palabras, el principio de igualdad, el de la no discriminación, el derecho a la libre decisión,  el principio pro persona, etc.; no es inconcebible el gusto por los tatuajes, sino al contrario, lo que resulta inconcebible es que sigamos teniendo personas que hacen leyes sin el más mínimo conocimiento del derecho, personas que hacen leyes que no tienen ni idea de lo que es el ámbito de aplicación de una norma, que no saben nada del principio de contradicción que declara: que cuando dos normas de derecho se oponen contradictoriamente, no pueden ser ambas válidas. Deben velar por nuestros derechos y no al contrario, ojalá pudieran echarle un ojo a nuestro marco normativo que, en lugar de acrecentarlo con leyes inútiles, deberían optimizarlo.