CAMALEÓN

Alfredo Bielma

En materia de corrupción en la administración pública y en la política la inmundicia brota por doquier en México, pues las implementa una clase política multi partidista, “plural”, adueñada ya del recurso público de los mexicanos a través de una democracia en la que no participamos todos. No es difícil demostrarlo porque los medios de difusión, incluidas las redes sociales, se encargan de difundir cada día las transas de cientos de “servidores públicos” ávidos de riqueza fácil. Excepciones las hay, sin duda, y muchas.
Comportarse de acuerdo al esquema moral y cultural impuesto por el contexto social no constituye noticia, la excepción es más atrayente, de allí que cien de entre miles pueden acaparar la atención, ¿cuántos integraron las camarillas de Fidel Herrera, de Duarte de Ochoa, de Moreira, de Medina, de Borges, de Padrés? Mil entre millones de mexicanos, pero nunca tan pocos han hecho tanto daño; tuvieron la oportunidad de servir a sus conciudadanos y la desperdiciaron por el vil prurito de enriquecerse a costa de los demás, es decir, robando.
Ya está comprobado que, al menos en México, la corrupción no es privativa de un solo partido, excepto, claro, el caso de MORENA que no ha ejercido el Poder, pero aun así no escapa al dilema, como lo demuestra el caso de Eva Cadena y algunos más que seguramente aparecerán. Han hecho gobiernos proclives a la corrupción el PRI, el PAN, el PRD y Convergencia (Oaxaca), y nada extraño que con MORENA así ocurriera pues su militancia proviene del mismo caldo de cultivo.
En 2006, segundo año del nefasto desgobierno de la “fidelidad”, escribí (perdónese la primera persona) que el PRI requería de Sangre Nueva, imaginando acaso que el gobernador abría oportunidades a nuevas generaciones en relevo de quienes ya habían “bailado”; como en su tiempo lo hizo Murillo Vidal cuando le procuró a Fidel la primera oportunidad. No existen elementos para congratularse, porque sus propósitos no incluían el bien común sino la perversa intención de mantener el poder a través de marionetas. Olvidó sin embargo que el Poder no se comparte y a los veracruzanos nos fue muy mal con el “cambio generacional” impulsado por Fidel.
Pero por “Sangre Nueva” me refería en 2006 a la candidatura de José Yunes Zorrilla para el senado de la república, que alcanzó no con mucho agrado de Fidel Herrera quien lejos de la visión del estadista, con la percepción de un político bien curtido, veía en Yunes Zorrilla un elemento de distorsión respecto de su proyecto transexenal. José Yunes fue candidato pero no logró mayoría de votos porque “fuego amigo” le opuso resistencia. La estrategia de Herrera Beltrán requería de un alfil que le cubriera las espaldas a su salida del gobierno, José Yunes no cubre ese perfil, pero Duarte de Ochoa lo hizo a la perfección.
Con Duarte de Ochoa en el gobierno se acentuó el desdoro de una clase política dedicada a enriquecerse, sin vocación de servicio ni miras sociales; así comprobamos, una vez más, que el hábito no hace al monje.
Doce años después Veracruz yace extenuado; la ciudadanía veracruzana, cansada de la corrupción de la clase política en el gobierno, optó en 2016 por la alternancia política. No hay transición sin crisis política, sin duda en Veracruz la estamos viviendo, pero la incógnita radica en saber si la ciudadanía veracruzana ha alcanzado la madurez democrática que le permita influir en los procesos electorales, presente y futuro, conforme al interés común.
La clase política mexicana, y la veracruzana no es la excepción, se recicla protegiéndose, está divorciada de la sociedad, vela solo por sus intereses. De allí el número indeterminado de esposas, hijos, hermanos, postulados por los diferentes partidos: En Emiliano Zapata, el PRD postula al sobrino del actual alcalde; en Coatepec, el PRI postula a la esposa del alcalde en funciones, y en Cosautlán el PAN abandera a la esposa del alcalde de Ixhuacán de los Reyes y en este municipio a la hermana del mismo edil.
Este contexto sugiere la necesidad de actores políticos de diferente cuño, de allí la referencia al senador José Yunes Zorrilla, de quien nadie en el entorno estatal pudiera negar la fortaleza moral y política que lo distingue, su trayectoria se mantiene limpia de toda mácula, esa característica lo configura como precandidato idóneo, apto y competitivo de la ciudadanía veracruzana al gobierno de la entidad para las elecciones del 2018. Matices de Ave rara caracterizan a José Yunes Zorrilla, porque ha transitado por el escenario político de México con el decoro de su conducta; esto significa, de entrada, un patrimonio político difícil de encontrar en la zoología política veracruzana y del país y, que no todo “huele mal en Dinamarca”.

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