Juan Carlos Andrade- Guevara

Dedicado con respeto y admiración a la memoria de la Señora Juana Consuelo Méndez Vázquez , Lidereza ejemplar del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Poder Ejecutivo del Estado a quien se le extrañó al frente del contingente de dicho sindicato en el pasado desfile del primero de mayo.

La conmemoración del día del trabajo en nuestro país ha estado siempre caracterizada por el ritual del desfile de los trabajadores ante los representantes de los poderes y fuerzas armadas del estado. Los contingentes marchando de manera uniforme, ostentando sus banderas y banderines sindicales, otros gritando consignas y otros más conmemorando la fecha con desmanes son parte del imaginario público que ha caracterizado la celebración.

Y si bien en nuestro país el derecho al trabajo y a un salario justo y bien remunerado está consagrado en nuestra constitución y contamos con una Ley Federal del Trabajo, el trabajo tiene hoy en día una connotación muy distinta a la que tenía hace tan solo algunas décadas.

Para los hombres y mujeres jóvenes que se integran a la vida laboral en las empresas e instituciones del tercer mundo no hay certeza ni garantía prácticamente de nada; no hay prestaciones, nada de un seguro social que garantice la atención médica adecuada, nada de contratos colectivos ni mucho menos prestaciones conforme a la ley. Lo que existe es un escueto contrato con clausulas muy favorables para el empleador, donde se delimita al máximo la tarea por la que el trabajador o trabajadora es contratado y dónde se establecen abusivas ventajas para los patrones.

Baste ver a los trabajadores y trabajadoras de los supermercados, obligados a permanecer de pie por largas jornadas de tiempo, donde no se les provee siquiera de una silla en la que pudieran descansar cuando así lo deseen. Por otro lado, están también los adultos mayores que son aceptados como “cerillos” parados también por horas y dependiendo únicamente de las propinas que los clientes generosamente quieran brindarles, aun cuando prestan un útil servicio para los patrones y dueños de los establecimientos comerciales, quienes les hacen sentir casi privilegiados tan sólo por aceptarlos en el trabajo.

Por otro lado están las disparidades salariales entre hombres y mujeres, que son abismales aun cuando la labor sea exactamente la misma. Recientemente se generó una fuerte polémica en los Estados Unidos de América dado que la compañía Google asigna salarios mucho menores a las mujeres que a los hombres aun cuando el conocimiento y las habilidades técnicas con las que trabajan son idénticas.

Caso aparte es el de las trabajadoras y trabajadores domésticos, que sufren también de innumerables abusos por parte de sus patrones, que en muchos de los casos los segregan, los limitan en sus alimentos o evitan pagarles el aguinaldo o la prima vacacional que por derecho les corresponde.

En el futuro, la cultura laboral seguirá cambiando de manera vertiginosa. Las máquinas automatizadas están reemplazando a mucha mano de obra humana, sobretodo, en las fábricas manufactureras y en las empresas que prestan servicios. Como ejemplo tenemos los bancos, donde ahora en un cajero automático o en la red uno puede realizar un sinnúmero de operaciones prácticamente sin asistencia personalizada. O el de los aeropuertos, donde ya todo el proceso de documentación se realiza con máquinas y con casi nula intervención humana. Cada vez el trabajo tal como lo conocemos se irá extinguiendo, trabajaremos desde casa, en ambientes virtuales y al mismo tiempo para dos o tres proyectos de diferentes patrones.

Es por ello que las escuelas de educación superior deben habilitar a sus estudiantes para ser capaces de emprender negocios y vender sus servicios de manera eficaz, deben urgentemente dotarles de las competencias que les permitan desempeñarse con éxito en las sociedades del siglo XXI para que no sean demandantes del empleo sino generadores del mismo.