Hablando Derecho
Por Tomás R. Domínguez Sánchez
31 de mayo de 2017

La democracia es la necesidad de doblegarse, de vez en cuando, a las opiniones de los demás.

Winston Churchil (1874-1965)

Político británico.

Los comicios electorales en nuestro País siempre resultan ser un circo en el que vemos de todo, un circo que contiene muchos tonos que van desde los halagos, hasta las más vulgares y bajas expresiones que podamos imaginar, siempre hay más descalificaciones que simpatías; pero sin duda, lo que siempre vemos es el gran derroche de recursos públicos que hacen los partidos políticos a través de sus candidatos, gastándose cantidades exorbitantes de ese dinero en propaganda, imagen y, además, en apoyos económicos que normalmente son usados para aprovecharse de los más necesitados y así poder comprar el voto; también escuchamos todas esas “propuestas” con las que exponen soluciones de corto y largo plazo que siempre resultan inviables, porque algunos proponen terminar con los males que ellos mismos han creado, otros pretenden enfrentarse a un sistema que termina devorándolos y los demás prometen ser diferentes aun cuando la realidad es que han nacido de otros partidos, lo cierto es que todos tienen una regla de oro y un fin en común: vender la idea de que vivimos en un estado democrático y que la democracia en nuestro País es de los más altos niveles en el mundo.

Es importante saber que la palabra democracia proviene de la unión de dos vocablos griegos que son demos que significa pueblo y kratós que significa poder, es decir, “poder del pueblo”, estos vocablos fueron empleados por los pobladores de Atenas, Grecia, por allá del siglo VI A.C., para referirse a su forma de gobierno; en nuestros días, la palabra democracia no se usa para describir a nuestros gobiernos, sino para dar a entender que se debe hacer lo que la mayoría dice y que de vez en cuando puedes no estar de acuerdo con lo que los demás dice, pero si es la mayoría, se ha de respetar ya que estás en presencia de la democracia.

Por supuesto que nuestras elecciones no son, en lo absoluto, nada democráticas, ¿Por qué? Es simple, basta con tomar los datos de la elección pasada en nuestro estado de Veracruz, resulta que el padrón de electores registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE) es de poco más de cinco millones y medio de votantes -casi llegándole a los seis millones-, en las elecciones de 2016 salieron a votar solo tres millones sesenta y ocho mil cuatrocientas seis personas lo que representa apenas un 54.10% del padrón total que corresponde al Estado, ahora bien, de ese 54.10% tendríamos que restar los votos nulos y los votos para personas que no se encontraban registradas en la elección, estos sumaron casi noventa y un mil quinientas personas que se traducen en el 2.97% de los que salieron a votar, de modo que el porcentaje de personas que participó en la elección pasada y decidió por todo el Estado es de apenas el 51.13%; muchos dirán que es suficiente, otros que no, lo preocupante del asunto es que piensa el 48.87% de la población en edad de votar sobre los resultados obtenidos en la contienda electoral del año pasado, lo que debe alarmarnos es que cada vez menos personas se interesan por participar en las elecciones y permiten que un poquito más de la mitad decida por todos.

Como puedes darte cuenta, el enemigo a vencer no es un candidato, no es un partido político, el verdadero enemigo que debemos vencer es el abstencionismo, la apatía que se apodera de nosotros cada vez que son elecciones, no dejemos que solo la mitad decida, reflexionemos nuestro voto y salgamos a votar, por el que quieras, por el que sientas simpatía, por el que creas que tiene una mejor visión, en fin, por el que tú quieran, pero sal a votar.