Muchas veces se ha escuchado etiquetar a Andrés Manuel López Obrador como un líder mesiánico, un mesías, una especie de salvador enviado por Dios y anunciado por los profetas para liberar al pueblo. Un personaje de tal magnitud carecería de compromisos aquí en la tierra, sus palabras serían ley positiva y sólo respondería ante el mismo Creador.

Pero esta vez sí se pasó de tueste. Pretender que los partidos PRD, PT y Movimiento Ciudadano declinen a favor de Morena para que él pueda darles la oportunidad de ir aliados con él mismo, rumbo a la Presidencia de la República, es un disparate sólo concebible en alguien que perdió la percepción de la realidad y hasta la chaveta.

¿Cómo se le puede ocurrir desarticular a tres organizaciones políticas, que renuncien a su lucha legítima en la arena electoral y luego que vayan como mosquitas en torno a un pastel que pretende ser él mismo?

Sabido como es que entre los políticos la dignidad no es moneda corriente, y hasta podríamos llegar a ver que alguno acepte tamaños despropósitos de AMLO, es una ofensa a los propios mexicanos y ¡es el colmo de la egolatría y la insania!