CAMALEÓN
Alfredo Bielma

Después del sacrificio de Madero y Pino Suárez a manos del usurpador Victoriano Huerta inició una etapa de enfrentamientos armados que provocaron al país dolores semejantes a los causados por el nacimiento de un nuevo ser; estaba resurgiendo México, tras treinta años de una paz en tinieblas, pero paradójicamente con avances materiales.
No fue vano el sacrificio de Madero y Pino Suárez, aunque en términos históricos ignoramos qué hubiera ocurrido si el promotor de la no reelección hubiera proseguido en la presidencia porque su gobierno ya había sucumbido ante el neoporfirismo. Su muerte abonó el surgimiento de Carranza, Obregón y Calles, los protagonistas nacionales durante los siguientes 15 años de construcción de leyes e instituciones. Calles dio el cerrojazo final cuando creó el Partido Nacional Revolucionario y demarcando la etapa “los hombres necesarios” para dar paso al periodo de las instituciones.
A continuación, paulatinamente surgieron las instituciones en los diferentes sectores de la actividad social y económica de México. En la etapa del cardenismo (1934-1940), son notables las del ámbito agropecuario, qué decir del Instituto Politécnico Nacional, y las bases de la industria petrolera. Con Ávila Camacho (1940-1946) se impulsó acentuadamente el Sector Salud, empezaron a surgir los grandes centros hospitalarios de especialidades, y el IMSS, el 19 de enero de 1943, que marcó un hito en la seguridad social de los mexicanos. Miguel Alemán Valdés (1946-1952), inició infraestructura carretera e hidráulica de grandes proporciones, creció sensiblemente la agricultura de riego e ingresamos de lleno al capitalismo asociándonos con el vecino del norte. López Mateos (1958-1964), creó el ISSSTE, en diciembre de 1959.
Cuando Adolfo López Mateos inauguró el hospital “20 de Noviembre” señaló: “el régimen de la seguridad social constituye uno de los propósitos esenciales de nuestras instituciones democráticas”; así marcaba el gran impulso al sector salud de México. Obviamente, como todo organismo vivo, la sociedad mexicana crecía no sin serios tropiezos, era imperativa la creación de empleos.
El país ya había experimentado conflictos gremiales de proporciones importantes, magisterio y ferrocarrileros expresaban abiertamente su inconformidad por condiciones de vida inaceptables, pero fueron reprimidos severamente. Después surgió un movimiento en el hospital 20 de noviembre, donde un movimiento de médicos internos y residentes se quejaba porque el director del hospital les confirmaba la cancelación del aguinaldo, con el argumento de que percibían becas y no salarios, por lo mismo no tenían derecho al aguinaldo. En protesta, los residentes e internos se fueron a huelga y la respuesta gubernamental fue el despido de doscientos internos y residentes de aquel hospital.
Para su defensa, los médicos integraron la Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos (AMMRI), fue la primera organización nacional de su tipo en México e hicieron públicas sus demandas en carta abierta al presidente: 1) la recontratación de todos los médicos despedidos; 2) un aumento de las becas y su conversión en un contrato renovable; 3) la contratación preferencial de antiguos residentes; 4) una solución a los problemas de cada uno de los hospitales; y 5) mayor acceso a educación de posgrado.
El movimiento inició una semana antes de que concluyera el gobierno de López Mateos, tocó al sucesor Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) afrontarlo; puso el sello de la casa: autoritarismo y represión contra un movimiento que tomó fuerza porque internos y residentes de todo el país se solidarizaron.
La Información de los archivos de inteligencia sobre este movimiento acaba de ser desclasificada y revela el puntual seguimiento del gobierno respecto de los líderes. Se pusieron en práctica las estrategias de cooptación, como cuando la AMMRI acordó enviar telegramas cada 30 minutos al presidente de la república y difundirlos en los periódicos locales, pero inmediatamente se les bloqueó en la radio y los periódicos. La estrategia incluía que abogados ad hoc fueran contratados por la AMMRI para estrechar las medidas de control.
Analizado en la perspectiva histórica, este movimiento significó una difícil prueba al gobierno de Díaz Ordaz; sus resultados no fueron del todo los apetecidos por residentes e internos, pero reflejaba parte de los grandes problemas sociales que ya existían.
En su mensaje a la nación, el 1° de septiembre de 1965, el presidente Gustavo Díaz Ordaz amonestó severamente a los médicos en huelga, calificó al movimiento médico como criminal y llegó a catalogar a la huelga como un “acto de homicidio”, porque, según su discurso, los médicos le habían fallado al pueblo mexicano al no cumplir su juramento sagrado de proteger la vida. Obviamente, diputados, senadores, gobernadores, empresarios, embajadores allí presentes le tributaron estruendosa ovación, echando esa tonelada de insustanciales aunque significativos aplausos sobre las peticiones de aquellos jóvenes profesionistas de la medicina. Ese es el México ¿Qué ya se fue?

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