* Implacable con la prensa crítica  * Controló a dueños de medios  * Le imputan desvío de 100 millones  * Los pejeconsejeros a la Fepade  * Vasconcelos: lista de pago a periodistas   * Morena y su megaencuesta  * A salivazos pretende lavarse el lodo Saúl Wade  * Aún cobra salario en el gobierno y es candidato

Su pecado mayor no es el robo. Es la insidia y la inquina, agraviando a un gremio que es su cuna, alzando la voz e imponiendo silencio, dictando el destino de reporteros y ejecutivos, de plumas incómodas que al punzar con palabras, erosionaban la imagen de Javier Duarte, el sátrapa con poder. Hoy, Gina Domínguez está en prisión.

Lleva horas en prisión y ya se siente nada. La frialdad ahí, en Pacho Viejo, cala los huesos, el abandono la llena de angustia. Tan temida que fue y tan insignificante que se ve.

Le imputan 106 millones de pesos malversados y es sólo una pizca, corriendo una fortuna hacia las empresas fantasma que solía usar el duartismo, que usó Gina y El Cisne, Alberto Silva, su sucesor, para saquear a Veracruz. Por su mano pasaron, mínimo, 35 órdenes de pago y con eso su destino se selló.

106 millones es una mugre. Gina manejó miles. Sí, miles de millones, con factura y disfrazados, por convenio y por chayote, billete grande para la casta de la información y morralla para los cazadores del boletín.

Duerme ya en Pacho Viejo la mujer, humillada antes de ingresar, devorada por la lente de las cámaras, cegada por un flashazo y otro y otro, asediada por las voces que la invitan a aflojar palabras que reflejen qué tan destruida está, que reseñen su pasión en el trayecto hacia su nuevo y frío hogar.

Qué imagen tan brutal. Otrora poderosa, voraz, insensible y despiadada, María Georgina Domínguez Colío, vocera de Javier Duarte en los días en que el dinero público servía para maquillar la realidad, difuminando los errores de un orate al que la vida lo llevó al círculo de Fidel Herrera y éste nos lo puso para joder a Veracruz, hoy es una reclusa.

Cuéntense sus ínfulas. Cuéntense los desplantes. Aún era una simple vocerita de un secretario de Finanzas camino al estrellato, y ya se sentía una madame.

Si sabrá Gina de las taras de Javier Duarte. Si lo tuvo a su alcance en los días en que iniciaba su proyección y ella llegaba a salvarlo de los obuses de la prensa, impuesta ahí por Rosa Borunda. Gina es una mujer terrible pero si algo es el idioma de la prensa, lo que buscan, lo que quieren, sus estados de confort, su vida ideal. Y se las dio.

Su detención se da entre Xalapa y Coatepec. Entre la tarde y noche del sábado 20 —Javier Duarte también fue aprehendido un sábado, en Guatemala— la intervinieron agentes ministeriales, luego que habría acudido a una reunión con el equipo de campaña del candidato del PRI a la alcaldía de Xalapa, Alejandro Montano Guzmán.

Se le acusa de abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y coalición en agravio del servicio público. Oficialmente enfrenta el proceso penal 110/2017.

El ritual a Pacho Viejo, el penal que parece sede del gobierno duartista, ubicado en Coatepec, a 13 kilómetros de Xalapa, es degradante.

María Gina está acabada. Una gráfica la destroza, la de la ficha. Atrás los emblemas de la policía, la regleta de la estatura, sus ojos cubiertos con una franja negra para que no se le victimice más, que no se pierda el principio de inocencia a lo largo de todo el proceso penal. Gina Domínguez será inocente hasta que se le sentencie, dice la ley.

Horas después, una juez de control la vincula a proceso por un año, como ocurre con otros pájaros del duartismo, Audirac, Bermúdez, Paco Valencia, César del Ángel.

Puede ser nada la acusación si es sagaz. Puede alegar hipertensión o cualquier otra enfermedad y pronto se le verá fuera de la prisión, en el confort de un hospital de lujo, y de ahí salir a su hogar a disfrutar de prisión domiciliaria. Y a reír como ocurrió con el ex gobernador interino, Flavino Ríos Alvarado, enjuiciado por colaborar en la huida de Javier Duarte.

Lo peor de Gina Domínguez no estriba en cuanto pudo malversar al frente de la Coordinación de Comunicación Social del gobierno de Veracruz. Los buenos pillos son los que no dejan huella, o dejan sólo lo que no les tiempo de tapar.

Lo peor fue el agravio a su gremio, al periodismo del que emergió, asumiendo rol de censora, golpeando a las voces y medios críticos, sometiendo a los dueños que en un afán por atesorar dinero y consolidar fortuna vendieron su línea editorial.

Acalló María Gina Domínguez a parte de la prensa crítica. No a todos. Un puñado resistió la insania de una mujer sin alma, que golpeaba a su gremio azuzando a los dueños contra reporteros que daban cuenta de la violencia y el caos financiero, que daban voz a líderes sociales que osaban denunciar el atropello y el olvido oficial.

Actuó María Gina Domínguez contra columnistas y articulistas que cuestionaban el desgobierno de Javier Duarte, nutriendo su crítica con la verdad, citando testimonios, desnudando la corrupción que provocó la debacle de Veracruz.

Una llamada nocturna le permitía saber la de ocho columnas de la siguiente edición. Y si no le agradaba, ordenaba la sustitución.

Una llamada al medio decidía qué reportero se debía ir. Unos cuantos dueños desoían su voz y sufrían el retraso en el pago de la publicidad o la cancelación del convenio.

Una llamada al medio permitía magnificar la la felpa a sus enemigos políticos u ocultar la oleada de violencia, ejecuciones y levantones, el paso sangriento de los zetas, la policía estatal coludida con el crimen organizado.

Gina se siente pura. O finge ser pura. Su primer alegato en prisión es su hoja de servicios. No hay observación alguna. El Órgano de Fiscalización Superior le puso 10. La Contraloría ni la peló. Qué ardid. Si era la censora del régimen, ni pensar que la fueran a apretar.

Se dice limpia. Ajá. Siendo vocera de Javier Duarte, no sólo ostentó riqueza y exhibió poder, casas en Xalapa y Boca del Río, la de Zoncuantla, y las empresas que de la noche a la mañana recibieron jugosos contratos, sino sus ligas con medios nacionales y hasta la franquicia de la agencia Quadratín, de Jorge García Davish, con sede en Michoacán.

Un día le robaron 50 millones de pesos. Una caja fuerte en el interior del hogar fue violada y extraído el efectivo. Qué negocio puede dejar tanto, convertirlo en efectivo y tenerlo ahí, a la disposición, para lo que se ofrezca. O simplemente no ser un negocio sino parte de los sobres para el ejército de textoservidores que usaba para ocultar los yerros de Javier Duarte y para financiar las embestidas a los críticos, que en aquel entonces éramos unos cuantos.

Los jardines son un tesoro. O albergan tesoros. Por algo el dinero huele a tierra húmeda. Y así, entre el duartismo, miles de operaciones se pagaron con dinero con olor a tierra. Basta palear. Basta  remover el pasto. Basta seguir paleando y puede que se encuentren bóvedas y mucho de lo que esa pandilla le robó a Veracruz.

En sus días de olvido, acusada de detentar medios de comunicación, empresas, mansiones, María Gina Domínguez volvió a las andadas periodísticas.

Su columna Razones de Estado fue un esfuerzo lastimoso por justificar su paso por el gobierno duartista y un arma para advertir a sus compañeros de pandilla que la información que detentaba la habría de salvar.

Acusó a su sucesor en el cargo, Alberto Silva Ramos, alias el Cisne o El Pato de Tuxpan, de atizarle el fuego con periodistas amigos.

“Desde el primer día de su arribo a Comunicación Social, Alberto Silva se dio a la tarea de desacreditar mi gestión, utilizó todos los medios a su alcance para ello. Me responsabilizó de decenas de agravios —a cual más falsos— a muchos medios de comunicación y a muchos comunicadores respetables”.

Falsos los dos. María Gina Domínguez desataba persecuciones contra sus enemigos periodísticos, contra quien osaba describir los excesos y las locuras de poder de Javier Duarte. El Cisne igual.

Reveló que algunas de las empresas periodísticas en que tuvo participación, las recibió de otros funcionarios de gabinete, como el ex secretario de Salud, Juan Antonio Nemi Dib. Es el caso de Servicios Especializados de Comunicación en Imagen S.A. de C.V.

Hoy está en prisión, denostada y en las manos del gobernador Miguel Ángel Yunes. Le imputan pagos a empresas fantasma por 106 millones de pesos. Eso es pecata minuta. Viene la pesquisa por el desvío de 4 mil millones. Y el enriquecimiento ilícito. Esa no la libra.

Ríe el gremio y hace bien. Le cobra a Gina Domínguez las afrentas, los despidos, la  censura, la mordaza, la persecución. Ríe el gremio al verla en prisión.

Su peor pecado fue traicionar a la prensa.

Archivo muerto

Quema el fuego y alcanza a los pejeconsejeros del INE. Morena, su alma mater, los entrampa, denunciando ante la Fiscalía Especializada Para la Atención de Delitos Electorales que sean llamados a declarar los consejeros del órgano electoral por el posible encubrimiento al PRI y a su candidato a la alcaldía de Coatzacoalcos, Carlos Manuel Vasconcelos Guevara. Encrucijada en la que los metió el pejepartido: si no acreditan que los operadores de Vasconcelos sobornaron a funcionarios de casilla, principalmente presidentes, y que eso motivó las 109 renuncias, el que se les irá con todo será el abanderado priista y líder de la CTM regional. O sea, la versión de los sobornos sólo la podrían acreditar con el testimonio de los implicados. Pero si viciaron el procedimiento sin enterar a la Fepade, vía denuncia, su situación se complica más. El jueves 18, representantes del PAN y PRD exigieron la destitución de los consejeros del INE que están vinculados a Morena. Dos de ellos, por lo menos, son militantes del partido del Dios Peje: Noé García Joffre y Javier Félix Martínez Sotelo… Se sacude el gremio de prensa por la difusión de una lista de periodistas que estarían en la nómina del candidato Carlos Vasconcelos. Se trata de 24 comunicadores. Se maneja una cantidad que de entrada suena a broma: 2 mil pesos. Consultados, la mayoría refutan el hecho; otros no fueron localizados. No es el primer caso ventilado en torno a la relación Carlos Vasconcelos-prensa. Antes fue la declaración del priista sobre su equipo de seguridad. Y admitió que emplea guardaespaldas porque está amenazado y los puede pagar. Luego la presencia de su operador de prensa, Fluvio Martínez, jefe de información y conductor de Radio Televisión de Veracruz en el sur. Algo así como el jefe de prensa que el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares le envió al candidato del PRI. Fluvio Cesar Martínez Gómez fue concentrado en Xalapa. Regresó y continúa con su labor periodística. Ahora trasciende la lista negra y en la información en redes sociales —Visor Político— se alude a reuniones de Carlos Vasconcelos con comunicadores. Durante un desayuno, refiere el sitio, repartió dádivas económicas a través de un trabajador de RTV, quien se identificó en ese entonces como el enlace del candidato con los medios de comunicación”. ¿Será que ese pago aparece en la contabilidad de la campaña?… Morena, según el optimismo que reina el cuartel central de la yihad pejista, tiene a Coatzacoalcos en la bolsa. Sus cifras —ojo, las cifras que difunde—, le dan un cómodo 37 por ciento en la intención de voto; 26 por ciento votarían por la alianza PAN-PRD y 24 por ciento por el PRI-Verde. Así las cosas, Víctor Manuel Carranza Rosaldo, el Señor de las Ratoneras, será el próximo alcalde y con toda seguridad Francisco Bastar Peregrino, el “cuñado incómodo” será el constructor estrella la próxima administración, así lo distinga un historial marca Duport-Ostión. No revela Morena qué empresa realizó su encuesta y bajo qué metodología se aplicó. Corresponde al 15 de mayo. O sea, el escándalo de los videos de la diputada Eva Cadena, no le afectó. Es más, como que le ayudó a ganar simpatías. En marzo, Carranza Rosaldo traía 38 por ciento. Perder sólo un punto en mes y medio, y aguantar las condenas del video escándalo, el uso de dinero de empresarios a las campañas, como lo hacen los del PRIAN, sólo que ellos no presumen honestidad indestructible, hace ver que así como va, Víctor Carranza resultaría mejor candidato que El Peje para la contienda presidencial. A Andrés Manuel López Obrador sí lo bajan los golpes de sus adversarios; a Carranza no. Eso reflejan sus encuestas… A salivazos pretende Saúl Wade lavar el lodo que lo ensucia. Entre quejidos y reclamos, el alcalde real de Minatitlán  —TítereCheng es sólo una botarga— trasluce su pesar por la guerra inmunda que le han desatado, dice el tipo, Nicolás Ruiz Roset, candidato del PAN-PRD a la alcaldía de Minatitlán, y los periodistas Jorge Luis Torres Marcos y Mussio Cárdenas. No es guerra, es radiografía. Es recuento del atropello a la ley, el chantaje a empresarios, el cierre arbitrario de comercios. Es retrato del engaño a la Auditoría Superior de la Federación, contada por el ex director de Obras Públicas, José Luis Benítez Parga. Son los reportes y documentos que acreditan que siete empresas constructoras vinculadas a su cuñado, Jaime Silva Barraza, obtuvieron contratos por más de 50 millones de pesos. Pobre simulador, timador de la verdad, Saúl Wade niega que tenga denuncia encima. La tiene. Es la que interpusieron cinco ediles ante el Congreso de Veracruz y que Morena dejó en la congeladora, pues la diputada por el distrito de Minatitlán, Myriam Judith González Sheridan, no la ha querido mover. ¿Pues qué se deben? Incluye la denuncia evidencia del engaño a la ASF, dando por realizadas obras que no habían arrancado o estaban a medias, la malversación de 117 millones de pesos de origen federal, la asignación de obras al “cuñado incómodo” de Saúl Wade León, lo que despide tufo a corrupción. Lo acusan cinco ediles, entre ellas Juana Isabel Morales Aguirre, regidora municipal. Y lo que es la vida, su hija, Damara Gómez Morales, es compañera de planilla en el PRI, Saúl candidato a regidor primero y Damara candidata a regidora segunda. Un placer ha de ser convivir con la hija de su acusadora. No es guerra sucia. Es la pintura al óleo de un aprendiz de rufián… ¿Quién es ese político, candidato a edil, que junto con su partido infringieron la ley, pues en plena campaña continúa recibiendo salario de la institución en la que desempeñaba un discreto cargo? La ley electoral establece que todo candidato debe separarse 60 días antes de la elección. Cobrar salario en un área de gobierno el 15 de mayo, es peculado electoral e invalida la candidatura…

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Foto: MVS