Cuando se desempeñaba como coordinadora de Comunicación Social, la señora Gina Domínguez manejó presupuesto público y fue bastante generosa con un reducido grupo de periodistas a quienes se conoció como “Los Ginos” por ser destinatarios de jugosos contratos de publicidad. Eran tiempos de vino y rosas en los que la señora Domínguez exhibía una bonanza personal repentina, explicable porque “en arca abierta hasta el justo peca”, que tal fue el síndrome generalizado en el desgobierno duartista; de allí el crecido número de duartistas en conflictos con la ley y la sociedad que les reclama la devolución de lo que el viento se llevó, porque no basta el encarcelamiento ni aquello de “lo caído, caído”.