La solicitud de Duarte por un colchón, un ventilador y “convivir” con sus vecinos de reclusión fue denegada por los guardias de la prisión en que se encuentra. Tal suceso recuerda el cuento sobre la visita que la Diosa fortuna suele hacer a quien desea favorecer: lo eleva a la altura de un semidiós, pero caprichosa al fin, cuando ya no es de su agrado o porque no resultó merecedor de su atención, lo defenestra y abandona a su suerte; entonces sobreviene el viacrucis. Dígalo sino el desgobernador, quien diseñó un proyecto de vida muy diferente a los rigores que ahora enfrenta: abandonado por familia y amigos, en la incertidumbre sobre cuánto durará su cautiverio, cual Rey Midas cuyo castigo consistía en no conseguir satisfactores a pesar de estar rodeado de oro.