Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras

 

Hace meses el gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes Linares, se acercó al director de un periódico de la Ciudad de México para pedirle un extraño favor: “Méteme en tus encuestas. Quiero aparecer entre los aspirantes presidenciales del PAN, haz que me metan”.

A cambio de aparecer mencionado entre los precandidatos panistas, el mandatario veracruzano ofrecía una generosa suma de dinero. No sabemos si la oferta se concretó o si el favor se le hizo, pero ayer que, de manera “espontánea” los dirigentes estatales de Acción Nacional y de la Revolución Democrática “destaparon” a Yunes Linares como prospecto de una alianza entre esos dos partidos para 2018, la anécdota que cuentan de primera mano cobró sentido.

El “autodestape” simulado de Yunes, que él mismo salió a comentar por la tarde en noticieros con un discurso ambiguo en el que no negó ni confirmó sus aspiraciones, mostró una operación política­mediática como las que sabe hacer muy bien el gobernador veracruzano que logró hacer de la corrupción escandalosa de su antecesor priísta, Javier Duarte, y de su promesa de castigarla, no sólo la bandera de campaña que lo llevó al poder, sino todo un show mediático y una estrategia política que le ha permitido “flotar” durante los cinco meses que lleva en el cargo sin grandes programas de gobierno y mucho menos obras, pero sí con un posicionamiento constante y permanente no sólo en los medios locales, sino nacionales.

Lo que sorprende de la maniobra de Yunes no es su aspiración en sí, ya deslizada desde diciembre en medios del estado, sino el timing para sondearla. Porque justo a unos días de las reñidas elecciones locales, en donde se renovarán las 212 alcaldías, en las que el PAN pelea con Morena las grandes ciudades del estado y con el PRI en zonas rurales, el gobernador manda el mensaje de su encarte al 2018, cuando a nivel local su nepotismo político, con sus hijos Fernando Yunes Márquez, candidato a la alcaldía de Veracruz, y Miguel Angel Yunes Márquez, aspirante a la gubernatura en 2018, le sigue costando cuestionamientos y críticas.

¿Cómo se vería, hipotéticamente, que el padre fuera candidato presidencial, el hijo candidato a gobernador y el otro hijo alcalde de la ciudad de Veracruz?, ¿la nueva dinastía azul veracruzana?

Lo otro es cómo se toma al interior del PAN la jugada de Yunes Linares que, por un lado, parece dar madruguete a Ricardo Anaya, al montarse en la alianza PAN­PRD que propuso el dirigente nacional panista, pero por otro lado es conocido que Anaya y Yunes trabajan juntos y en las cúpulas de ese partido se ubica al gobernador de Veracruz como “el brazo fuerte” del líder nacional del blanquiazul.

¿Fue entonces una jugada orquestada entre Yunes y Anaya para jalar reflectores y quitar presión a la dirigencia nacional ante las próximas elecciones o de plano el veracruzano decidió probar suerte por su cuenta y romper su alianza con el presidente panista?

Porque además el anuncio de los dirigentes estatales del PAN y el PRD, que proponen la candidatura presidencial de Yunes, ocurre justo el día en que otro aspirante panista, Rafael Moreno Valle, andaba de visita por el estado en gira proselitista por varios municipios veracruzanos de la zona limítrofe con Puebla. ¿Fue acaso un mensaje de hostilidad a Moreno Valle?

En fin, que ya veremos qué de real hay en el destape inducido de Yunes Linares al 2018 y sí son de verdad sus sueños guajiros o si se trata, como en muchas otras acciones y estrategias del personaje, de otro juego de ilusión y de artificio a los que es tan proclive, para engañar, manipular y distraer, el gobernador veracruzano.