Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez
17 de mayo de 2017

*Entre crímenes y cierres
*Impunidad en respuesta

“OTRO MAS”, como dijera el gallero Lorenzo Benavides en el “Gallo de Oro” de Juan Rulfo, y acaso no sabemos cuántos periodistas faltan por asesinar en el sexenio de Enrique Peña Nieto –sin descartar el bienio de Miguel Ángel Yunes Linares que ya lleva un muerto y dos heridos, amén del extraño rompimiento con los medios de comunicación que les dejó a merced de la delincuencia-, porque ni existe voluntad para aclarar los crímenes de ahora y, mucho menos los pasado, y ahí está el caso de cinco periodistas que le antecedieron a Javier Valdez y Jonathan Rodríguez acribillados el lunes en Culiacán, Sinaloa y Autlán de Navarro, Jalisco, respectivamente. Ni uno solo ha sido esclarecido; ni el de Miroslava Breach, Cecilio Pineda, Ricardo Monlui, Maximino Rodríguez y Filiberto Álvarez, como tampoco los 19 ocurridos en Veracruz durante el aciago periodo de Javier Duarte y los 114 perpetrados entre 2000 y 2017, y alguien diría “ni a quien irle”, porque con todos (panistas o priistas) es lo mismo: discursos vacíos y una simulación que atosiga.

APENAS EL pasado jueves 4 de este mes, el Presidente Enrique Peña Nieto expresó su enérgica condena y repudio a las agresiones contra periodistas y medios de comunicación, y se comprometió a combatir la impunidad en los casos de comunicadores asesinados, dando prioridad a la resolución de esos hechos y a la defensa y protección de comunicadores en la agenda nacional de su gobierno. En aquel encuentro con el Comité de Protección a Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés) reconoció la necesidad de adoptar medidas contundentes ante esa problemática. Pero no han pasado ni quince días, y dos nuevos periodistas han sido asesinados, mientras que la subdirectora comercial de ese medio, Sonia Córdova –madre de Jonathan- se debate entre la vida y la muerte.

EL JEFE del Ejecutivo habría dicho en aquel encuentro con medios que desde el inicio de su administración se ha reforzado el estado de derecho y las capacidades de las entidades federativas a fin de prevenir y combatir la violencia hacia los periodistas (¿?), por lo que destacó la necesidad de trabajar con las autoridades locales para lograr una verdadera política de Estado en la materia. El gobierno, indicó Peña, trabaja para consolidar el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, lo que ha dado lugar a una mejora en el tiempo de respuesta a las solicitudes de adhesión al mecanismo (y más ¿?). Además, ratificó el compromiso de su administración con la libertad de expresión (¿? ¿? ¿?), Y celebró que en el México actual se debatan libremente las ideas y opiniones, y se cuestione a los gobernantes, ya que ello fortalece la naturaleza democrática de nuestra sociedad (aunque la multiplicidad de homicidios diga lo contrario).

COMO FUERA, en México los crímenes contra periodistas no son hechos que se resuelvan o que merezcan mayor atención del Estado, y ahí está el caso de Ricardo Monlui, asesinado el 19 de Marzo en Yanga –zona centro de la Entidad-, y aunque el Gobernador acudió a dar el pésame a la familia y a comprometerse a aclarar la agresión, han pasado dos meses de aquello y ni el Fiscal General ni el mandatario en turno se acuerdan, muy al estilo Javier Duarte de Ochoa y sus 19 muertos ignorados hasta la ignominia. Tampoco nada se sabe de los agresores de Armando Arrieta Granados, jefe de redacción de La Opinión de Poza Rica que recibió cuatro balazos a finales de Marzo cuando descendía de su automóvil para ingresar a su domicilio. Arrieta se salvó gracias a la oportuna intervención de paramédicos de la Cruz Roja que lo trasladaron a un nosocomio particular, aunque debido a la gravedad de sus heridas fue enviado a la clínica 24 del Instituto Mexicano del Seguro Social, donde las autoridades finalmente lograron recuperarlo. De igual manera, ha quedado en el olvido la agresión sufrida por Alan García Zúñiga, corresponsal de un periódico porteño que fue herido a balazo el 3 de Marzo cuando circulaba a bordo de su vehículo. Los hechos ocurrieron cuando Alan se encontraba en el interior de la unidad en la Colonia Agustín Lara, y fue sorprendido por sujetos que accionaron sus armas en dos ocasiones. Una de las balas le penetro el pecho, pero la rápida intervención de socorristas de Pemex evitó un desenlace fatal.

DICE Leopoldo Maldonado, de la organización Artículo 19 que “es evidente que no existe interés de los Gobiernos de México para atender la situación de violencia que atraviesan los medios de comunicación en el País”, y en ese sentido califica de “indignante” el crimen de Javier Valdez “ocurrido apenas 11 días después que el presidente, Enrique Peña Nieto se reuniera con representantes del Comité de Protección a Periodistas”, y la agresión sufrida por el reportero Jonathan Rodríguez y su madre. “Es indignante que a tan sólo unas semana de que al propio presidente Enrique Peña Nieto se le arrancara un pronunciamiento respecto de la grave situación que vive la prensa, el contexto para el ejercicio periodístico sigue presentando una situación de degradación imparable. Aquí lo único que estamos viendo es que todo lo que ha hecho el gobierno Federal, pero también los gobiernos locales, para proteger el periodismo, no son más que discursos sin sustento.

EN VERACRUZ la relación del Gobernador Miguel Ángel Yunes Linares con los medios no es sana. De hecho, como en tiempos del duhartazgo, no hay comunicación con la prensa que ha mostrado ser crítica de siempre y, mucho menos con aquellos que sirvieron lacayamente a Javier Duarte de Ochoa, aunque el mandatario en turno los tasa a todos con el mismo rasero. Su actitud para con los medios de comunicación es similar a la que ejerce Donald Trump en los Estados Unidos, y las consecuencias de ese distanciamiento comienza cobrar víctimas como el cierre del periódico Oye Veracruz que este martes bajó las cortinas con un: “No decimos adiós, sino hasta pronto”, y acto seguido dice que hacen un paréntesis mientras pasan las causas y los efectos que dejó la horda de delincuentes convertidos en remedos de políticos que en el pasado se incrustaron y saquearon a los veracruzanos, lo que dio al traste con el Veracruz pujante, el Veracruz trabajador, ese pueblo y esa gente que sabe reír y cantar”. En fin, entre crímenes sin aclarar y medios de comunicación que cierran, Veracruz se encamina hacia un silencio que solo las redes sociales rompen, aunque a decir verdad, a conveniencia del mejor postor. Así de simple. OPINA carjesus30@nullhotmail.com