Pulso crítico
J. Enrique Olivera Arce

A escasos 10 días de que concluyan las campañas electorales de los aspirantes al gobierno municipal en las 212 demarcaciones de la entidad, la descomposición política y social sigue dominando la agenda. La violencia criminal imponiendo un doble poder en Veracruz fortalece percepción de inseguridad y mal gobierno entre el electorado.
Sin pena ni gloria, candidatos partidistas e independientes quemaron ya toda la pólvora en infiernitos, sin hacer mella tanto en el descontento y hartazgo ciudadano como en la crisis de credibilidad que arrastra al régimen político en su conjunto. La parafernalia tradicional, incluidos acarreos, falsos debates e impoluta imagen mediática de los actores, está agotada, no da más y así lo están entendiendo los electores potenciales.
La guerra sucia se impone por sobre voluntades, principios y valores democráticos. Hasta el día de hoy, ha pesado más en el proceso electoral en curso la especulación, el chisme y la maledicencia que la fuerza de las ideas expresadas en propuestas viables unas, sin sustento las más, que les acerque a lo que la ciudadanía demanda.
El periplo electoral de partidos y candidatos no ha bastado para convencer diciendo lo que estos creen la gente quiere escuchar. Cansados los ciudadanos de retórica hueca y estéril, en el imaginario colectivo domina la idea de que todo lo que se ofrece y se promete en campaña, es letra muerta en tanto la terca realidad determina lo que se puede y lo que no se puede, en el marco de un contexto a todas luces adverso a lo que podría calificarse como buenas intenciones de quienes solicitan el voto popular.
Si en épocas de bonanza no se cumplió con lo ofertado, con mayor razón en época de vacas flacas. No hay con que, se dice en el ágora con toda razón. Lo que se demanda exige no sólo voluntad. El qué, el cuándo y el con qué, cuesta una fortuna, los aspirantes lo saben y lo callan. No bastan los recursos propios municipales, se requiere del concurso federal y estatal y es en ello cuando la marrana tuerce el rabo, la incertidumbre en torno a montos, tiempos y condiciones echa por tierra la mejor de las propuestas. El recorte en los recursos presupuestales federales marca la pauta, en tanto que el gobierno de la alternancia ni yendo a bailar a Chalma sale de su estancamiento y estrechez financiera.
En este escenario, podría afirmarse que es demasiado poco lo que ganaría el electorado sufragando a favor de partidos y candidatos a las alcaldías. De ahí que cobra fuerza la idea de que lo que está en juego no es la elección del 4 de junio próximo, sino la del 2018 en la que se elegirá a los sucesores de Peña Nieto y Yunes Linares. A grandes males grandes remedios y en ello se confía.
Empero, nos guste o no, de la elección edilicia depende en mucho el que se concrete en el 2018 la posibilidad de cambio, de ahí la relevancia del voto útil en junio próximo, sustentado en la reflexión serena sobre lo que más conviene a Veracruz en un horizonte de largo aliento.
Con visión de futuro hay que ver el bosque y no únicamente el árbol más próximo, recuperando el sentido del sufragio. La democracia representativa lo demanda hoy más que nunca, si es que está en nosotros el superar la crisis que hoy por hoy tiene a los veracruzanos de rodillas.

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