Armando Ortiz

A mi madre Victoria Ramírez

Sólo he visto una fotografía de la pequeña Victoria, es antigua, en sepia, tomada en una población de la sierra de Puebla. Está con su padre, su madre y hermanos. Cuando le pregunté porque tenía cubiertos los pies con hojas secas, me dijo que a su madre le daba pena que se dieran cuenta que ella no tenía zapatos.
Era cierto, la infancia de Victoria fue dura, como el suelo helado en invierno que sus pies descalzos pisaban; su infancia fue dura, ya es una exageración llamarla infancia.
Se dice que la resiliencia es la “capacidad de enfrentar la adversidad y salir fortalecidos de ello”. La resiliencia es también la cualidad de ciertos metales para recuperar su forma inicial después de soportar una presión que los deforma. Se puede estar percutiendo a una persona resiliente durante mucho tiempo y después de estar un momento abatida, al final ésta surgirá victoriosa.
Así eres tú Victoria, quien después de tanta vejación, tanto dolor, angustia y desencanto, todavía estás de pie.
Victoria madre que pariste cinco hijos con un hombre que pasó por tu vida como las tormentas de verano, que sólo riegan agua de sus nubes, pero niegan el frescor de la lluvia.
Victoria madre que defendiste esa última tarde de tu hombre a tus cachorros, leona vencedora que aceptaste estoica los golpes que te hicieron llagas en las piernas, pero nunca llanto.
Déjame regresar el tiempo para recuperar esos instantes en que podía dormir en tu regazo por las tardes.
Déjame recuperar esos días de plenitud en los que sólo me importaba la tibieza del cariño que nunca me perdiste.
Déjame volver a tus tés de bugambilia, a tus pociones de tomate verde para calmar el dolor de mi oído.
Déjame volver al rincón de ese pasado donde tu amor de madre quedó grabado en la roca.
¡Ay Victoria! y ayúdame a olvidar esos días en que llorabas por mi culpa, esos días de tu migraña, en que la medicina sólo servía para provocarte el sueño, pero no te aliviaba el dolor.
Déjame volver a acariciar tu cabeza, besar tu frente y tus manos llenas de fiebre y sudor.
Victoria auténtica, la que no puede ocultar su gusto por comer mariscos en el puerto; la que se pelea con las manos de cangrejo; la de los caldos de robalo en su cocina; la que camina segura por las calles del centro de una ciudad extraña y se sienta en una banca del parque a comer helado como la niña que nunca fue. La que después de muchos años no ha aprendido a bailar danzón, la que lo baila como le sale.
Victoria audaz, la que pelea por la sopa y el pedazo más grande de pastel para sus hijos en las fiestas.
Victoria denodada, la que nunca probó del pan de la pereza, mujer capaz como la madre del rey Lemuel.
Victoria única, la que hizo su casa con monedas de cinco pesos, guardadas en latas de leche en polvo.
Victoria amada, ¿cómo pudiste emerger después de plañir en tu depresión por varios meses a ese hombre joven que se fue de tu vida después de 15 años de convivencia?
Victoria adulta, te repusiste de ese desamor y lo venciste como vences día a día en tus caminatas vespertinas a la diabetes que te diagnosticaron hace muchos años.
Victoria resucitada, nunca tu nombre tuvo más sentido que ese día en que te levantaste, como Lázaro de la tumba, después de llorar la muerte de tu hijo, el Benjamín de tus entrañas.
Si soy como soy es por ti Victoria, con estos brazos morenos que sigue quemando el sol y este cabello abundante que sigue creciendo en desorden.
Si soy como soy es por ti Victoria, necio y temerario, lleno de imaginerías que me hacen creer que el mundo tiene otra oportunidad.
Si soy como soy es por ti Victoria, con estas ganas de amar y ser amado.
Me privilegiaste porque me diste tu mirada, tu ímpetu, pero no me diste tu diligencia ni tu valentía.
Victoria capaz, que no tenías lugar donde recostar la cabeza y terminaste construyendo cuatro casas.
Victoria, sobreviviente de una estirpe que no necesita corona, que no busca cetro, que tiene su reino en los alrededores de su corazón.
Victoria madre, deja que tus hijos ahora te den del fruto de tus manos, digna de alabanza, Victoria, madre victoriosa.

Armando Ortiz aortiz52@nullhotmail.com