CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma
31 de mayo de 2017

Que el dirigente estatal del Partido Acción Nacional (PAN), José de Jesús Mancha Alarcón, y el del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Jesús Alberto Velázquez Flores, hayan expresado su deseo de que el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares sea considerado como precandidato a la presidencia de la república, marca el arranque de una estrategia para acomodar las fichas en el proceso sucesorio 2018. Por el momento es local, pero en esa maniobra política ambos dirigentes solo siguen lo prescrito en un guion, pues ninguno de ellos goza de autonomía política suficiente para actuar sin consigna, ¿o habrá quien los imagine proyectando una estrategia política de índole nacional?

Miguel Ángel Yunes es un político de tiempo completo y puede operar con mucho mejor margen de acción ahora que es gobernador de un estado de las dimensiones políticas, económicas y sociales de Veracruz. ¿Desatiende el changarro? No, porque lamentablemente para los veracruzanos el gobierno que encabeza Yunes Linares no tiene mucho qué hacer, aunque haya mucho por hacer, pero sin recursos económicos la implementación de políticas públicas está prácticamente paralizada, salvo algunas obras en hospitales y el riguroso cumplimiento del “no hay olvido ni perdón”, no hay mucho para contar.

Es lugar común, pero conviene repetirlo: “en política las coincidencias no existen”, y si se dan son producto del acontecer en el entorno. Rafael Moreno Valle, el exgobernador poblano, aspira a la candidatura panista a la presidencia de la república y, “por coincidencia”, a su paso por Veracruz se produjo la declaración de los dirigentes panista y perredista referidos, de tal manera que destaca sobre la visita de Moreno Valle; ¿fue acaso para opacar la presencia de Moreno Valle? Como fuere, una noticia desplazó a la otra. Opinar que Mancha y Velázquez actuaron por la libre sin consulta previa con el gobernador sería patética lucubración de párvulo político.

Los tiempos que corren son netamente políticos para la nación mexicana, inmersos están el presidente de la república, los gobernadores, los poderes fácticos y López Obrador; el impasse es el Estado de México pues del resultado electoral de este 4 de junio depende el diseño de las estrategias para la elección del 2018.

Como en el dominó, las fichas se acomodan; y no resulta fácil para Ricardo Anaya reconocer o evadir que erró en la estrategia en el Estado de México, o peor, que entorpeció a su ahora socio político, el PRD, la oportunidad de un posible triunfo en esa entidad si hubiera apoyado la candidatura perredista que ahora hace dura pelea al PRI y a Morena en la entidad mexiquense. No es halagüeño presumir de competitivo cuando se queda en cuarto lugar en elección tan importante.

Pero del gobernador veracruzano hablamos, y eso compete a millones de veracruzanos que están a la espera de ver la luz del otro lado del túnel en materia de seguridad pública. Veracruz vive en zozobra pública, pues a pesar del apoyo del gobierno federal a las autoridades estatales los índices delictivos no bajan: Mando Único, Policía Militar, Gendarmería, ya incursionan en territorio veracruzano pero no se nota el cambio. Este expediente contiene importancia en proporción directa a las encomiendas electorales.

El domingo próximo se define la elección municipal veracruzana, en la que el número de municipios de importancia que gane el PAN irá en proporción directa a proyectos futuristas de mayor calado, pero es irreverente concebirlo como escalón para una candidatura nacional pues en nada es comparable con el triunfo o pérdida de una gubernatura, ya sea Nayarit, Coahuila o el Estado de México.

Finalmente, nadie mejor que Miguel Ángel Yunes Linares conoce la estructura, los intereses y los factores que deciden una candidatura nacional en el Partido Acción Nacional y, por supuesto, maneja a la perfección los métodos para distraer y hasta engatusar a quienes están pendientes del acontecer cotidiano.

alfredobielmav@nullhotmail.com