Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez
25 de mayo de 2017

*Conectar cerebro y no lengua
*El cambio debe iniciar en casa

DICE EL currículo de Andrés Manuel López Obrador que se trata de un político y politólogo mexicano, actualmente, presidente del Partido Movimiento de Regeneración Nacional -que él mismo fundó-, y que nació en Tepetitán, municipio de Macuspana, Tabasco, el 13 de Noviembre de 1953, por lo que tiene 63 años, y estudió la licenciatura de Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM de 1973 a 1986, mientras que, por otra parte, la ficha biográfica de Miguel Ángel Yunes Linares reseña que es un abogado y político mexicano miembro del Partido Acción Nacional. Licenciado en Derecho egresado de la Universidad Veracruzana, y que nació el 5 de Diciembre de 1952 en Soledad de Doblado, por lo que tiene, ahora, 64 años, uno más que AMLO.

Y USTED se preguntará, ¿porque el interés de recurrir a esos datos que hablan del pasado académico (uno de la UNAM y otro de la UV) y, por otra parte de las edades de ambos políticos? Pues bien, el pasado lunes en Xalapa, Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del Gobernador en funciones, Miguel Ángel Yunes Linares llamó a Andrés Manuel López Obrador -en un mitin de apoyo a la candidata de la alianza PAN/PRD para la alcaldía de Xalapa, Ana Miriam Ferráez Centeno-, “viejo guango”, una expresión despectiva que suele usar el vulgo contra las personas mayores de edad, y que manifiesta el grado de educación, soberbia e intolerancia de quien la expresa pero, sobre todo, un desprecio hacia todo lo viejo, especialmente los seres humanos ancianos.

Y UNO se pregunta: ¿si Andrés Manuel López Obrador es calificado como “viejo guango” por un impertinente e irrespetuoso aspirante a la Gubernatura del Estado, solo porque tiene 63 años, en qué términos se referirá a su propio padre que ya cumplió los 64? Porque si “guango es AMLO, por cuestiones de edad, el gobernador en turno, que lo rebasa por 12 meses o poco más de 365 días, ¿qué calificativo merece desde la visión intransigente o exaltada de su propio vástago?.

SIN DUDA, todos seremos viejos algún día (unos más pronto que otros), y es orgullo llegar a la edad de Andrés Manuel o Miguel Ángel, en plenitud de facultades, briosos como corceles, valientes como leones, atrevidos como jóvenes maduros (aclaramos, maduros) que desean seguir escalando posiciones. Ellos, ni son “guangos” ni nada que se les parezca, como tampoco lo son ninguno de quienes tienen más edad, porque la vejez conlleva a experiencias que deberían ser aprovechadas por una juventud, en muchos casos, altanera y arrogaba por la prepotencia de quienes creen que jamás serán adultos mayores y, en peor de los casos, que siempre serán poderosos y nunca podría ocurrirles nada, menos aun si tienen papá poderoso.

YA LO dijo don Jesús Reyes Heroles en su discurso pronunciado aquel 4 de Marzo de 1973 con motivo de la constitución del Movimiento Nacional de la Juventud Revolucionaria: “Juventud y vejez no son categorías biológicas. Sólo un principiante puede pensar que la reforma política se realiza con el puro ascenso de los jóvenes. Sólo un novato puede pensar en los cambios bruscos de generaciones. ¿Puede haber cambios súbitos de generaciones? La historia lo niega. Ni en los periodos violentos tal fenómeno se presenta con claridad. Los biológicamente jóvenes que han ascendido y que seguirán ascendiendo a la responsabilidad política, tienen sus años de formación y sus años de gestión, sobre la base de que unos y otros son inseparables. Cuando un hombre está en la gestión, se está formando, está aprendiendo. El hombre que en un momento dado se considera formado sólo es un pobre hombre (ojo alcalde de Boca del Río). La juventud es un estado anímico. Creemos que para ser joven o viejo la edad no cuenta; es más, para ser joven cabal se requieren con frecuencia muchos años. Se es joven cuando se tiene impaciencia por los problemas del hombre y no por los problemas personales (muy a propósito de Yunes Márquez). Se es joven cuando se está animado de constante inquietud, de propósitos de reformar. Se es viejo cuando se aspira a la quietud, cuando se detiene la mirada hacia atrás (y ni AMLO ni MiYuLi aspiran a la quietud ni detienen la mirada hacia atrás).

MÁS AUN, Reyes Heroles sentenció en aquella ocasión: “Se es joven cuando se ve la vida ´como un deber y no como un placer´, cuando nunca se admite la obra ´acabada, cumplida´, cuando nunca se cree estar ante algo perfecto. Se es joven si se está lejos de la docilidad y el servilismo, si se cree en la solidaridad y en la fraternidad. Se es joven cuando se quiere transformar y no conservar, cuando se tiene la voluntad de hacer y no de poseer, cuando se sabe vivir al día para el mañana; cuando se ve siempre hacia adelante, cuando la rebeldía frente a lo indeseable no ha terminado, cuando se mantiene el anhelo por el futuro y se cree todo posible. Cuando todo esto se posee, se pueden tener mil años y ser joven. Hay juventud con años y hay vejez antes de tiempo”, por lo que, sin duda, este joven que aspira a ser Gobernador de Veracruz –como si viviéramos en Corea del Norte donde se hereda el poder familiar- debería conectar el cerebro antes de emitir absurdos.

LO DICHO por Yunes Márquez encuadra lo que se conoce comúnmente como “discurso de odio”, que no es otra cosa que la acción comunicativa que tiene como objetivo promover y alimentar un dogma, cargado de connotaciones discriminatorias, y que atenta contra la dignidad de un grupo de individuos o de alguna persona. Es un discurso propagado con intención maligna para incitar al interlocutor o lector a que lleve a cabo acciones destructivas contra un individuo o grupo, y Veracruz no quiere camorreros en el poder sino gente experimentada; personas conscientes de la realidad que atraviesa el Estado en lo económico, social, educativo y en materia de seguridad. No deseamos pendencieros ni provocadores sino coordinares del esfuerzo cotidiano para sacar el Estado de la barranca. No nos asustan los fantoches y, mucho menos quienes cobijados en el poder transitorio se aprovechan de la sociedad como ocurrió con Javier Duarte, un muchacho que, como muchos, pasó de los verde a lo podrido, y ahí están las consecuencias. Se requiere entreveramiento entre juventud y adultos, y que se adopten acciones serias y no fantocherías para revirar lo que tanto daño a causado, por lo que si Miguel Ángel Yunes Linares quiere meter orden en el Estado y hacer el cambio, debería comenzar por la casa. Así de simple. OPINA carjesus30@nullhotmail.com