Por supuesto, el espionaje no es propio de una democracia, a nadie le gusta sentirse vigilado y mucho menos espiado. Pero esa escandalera a la que ahora se suma el expresidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Emilio Álvarez Icaza (aspirante a la presidencia de la república por la vía independiente) tiene más visos de política electorera que deseos de terminar con esa mala práctica que desde el Kremlin hasta los Estados Unidos e intermedios se lleva a cabo. Ricardo Anaya explota el tema y va contra el gobierno con una “indignación” virulenta, cuando en no pocas ocasiones se han filtrado audios de sus pláticas telefónicas y su respuesta ha sido tibia. Pero en México todo político, empresario, amante, etc., sabe de los “pájaros en el alambre” desde hace décadas, de tal manera de mostrarse “indignados” por el espionaje a periodistas y activistas no es sino un bello cuento de verano, ganas de hacerle al cuento.