Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez
19 de junio de 2017

CRÍTICA, DE acuerdo al diccionario de la academia de la lengua española, es la acción dirigida, del intelecto crítico, expresada como opinión formal, fundada y razonada, necesariamente analítica, con connotación de sentencia cuando se establece una verdad ante un tema u objeto usualmente concreto, pero que puede dirigirse hacia lo abstracto. En ocasiones la crítica es ejercida desde o hacia algún tipo de colectividad que se pretende cambiar, aunque no necesariamente funciona, y esto viene a colación a propósito del surgimiento el pasado viernes de otra “Corriente Crítica” (una más) al interior del PRI Estatal que pretende enderezar al bergantín que se hunden tras la andanada propinada por el PAN-PRD y Morena en la pasada y ante pretérita elección, como si con reunirse un grupo de ilustres priístas –que en otro tiempo no hicieron nada por la sociedad- , decir que son “críticos” y prometer que ¡ahora sí!, como la canción de Lupita Dalessio: “hoy van a cambiar”, los gobernados se volcaran en confianza y aceptación. Nada más falso que eso, a tal grado que el afamado encuentro de “críticos”, a juicio de los no tan críticos, solo han dado el zarpazo para adelantado a ver que pescan en la elección del próximo año, aunque sea de perdis una diputación local o Federal plurinominal o, incluso, una Senaduría, ya que si pierde el “tricolor” la elección de Gobernador en el 2018, muchos habrán quedado “sin chamba” los próximos seis años, salvo que, como Vicente Benítez y José Luis Enríquez, decidan lamer las botas al mandatario para conseguir indulgencia.

Y ES que basta observar a los nuevos críticos del PRI que, en realidad, muchos de ellos son “pacientes críticos” en materia de salud, edad y hasta económicamente hablando, dirigirse a las nuevas y no tan nuevas generaciones que en tiempo y forma no supieron encauzar, y que ahora buscan convencer de algo que ellos mismos no fueron capaces de hacer. Aclaramos, no se puede tasar a todos con el mismo rasero pero, tampoco, son ni Cuauhtémoc Cárdenas, ni Ifigenia Martínez y, mucho menos, Porfirio Muñoz Ledo, aquel triunvirato que en Agosto de 1986 fundó la corriente prodemocrática del PRI o corriente crítica, movimiento organizado por Muñoz Ledo que, de acuerdo al entonces Presidente Miguel de la Madrid “se siente marginado políticamente”. “Él me ha pedido en diversas ocasiones que lo incorpore a mi gabinete. Me ha pedido la Secretaría de Relaciones Exteriores, la de Educación Pública, la SEMIP y la presidencia del PRI; es un hombre que está muy preocupado por su vida política. Desayuna, come y cena con gente. Se reúne para hablar del “proyecto nacional”, de “la estrategia nacional”, de la moratoria de la deuda externa, de la necesidad de actualizar el concepto del Tercer Mundo; en fin, todo el tiempo está creando y recreando ideas, haciendo conceptualizaciones, teorizando. Es, como alguien me dijo, un jefe sin grupo. Por eso, él mismo filtró a la prensa, la existencia de dichas reuniones para crear una corriente crítica”, insistiría el mandatario.

AQUELLA VEZ, el PRI, cerrado como ha sido desde su creación, reaccionó con bastante rapidez y rudeza innecesaria, ya que a los pocos días, Jesús Salazar Toledano, dirigente del “tricolor” capitalino dejó clara la inconveniencia de un movimiento que pretendía singularidad, promoviendo una discusión ideológica fuera de los ámbitos y mecanismos de ese partido. Fue así como de las personas que fueron mencionadas como simpatizantes de la nueva “corriente”, la mayoría empezó a matizar las ideas o definitivamente a desligarse del grupo. Gente como Víctor Flores Olea e Ignacio Ovalle llamaron a Los Pinos para asegurar que no tenían nada que ver con la corriente, y aprovechando la ocasión calificaron a Muñoz Ledo de “loco”. Dijo de la Madrid en esa ocasión: “Por mi parte, di instrucciones de no satanizar al nuevo grupo, ya que ello serviría para excluir, en lugar de incorporar, a quienes dentro del partido dudan de las acciones del gobierno. Un rechazo frontal abriría el riesgo de una fractura (y vaya que la hubo, lo que le propinó una derrota a Carlos Salinas de Gortari que fue desechada por el sistema gobernante). “No me extraña que Cuauhtémoc Cárdenas se amarre con Muñoz Ledo, insistió el, entonces, Presidente, pues él también tiene el deseo de una mayor injerencia política. De hecho, cuando se presentó la necesidad de seleccionar al candidato del partido a la gubernatura del Estado de Michoacán, del cual él era gobernador, me sugirió que los precandidatos fueran a visitar la entidad, a fin de foguearse y de que nosotros pudiéramos ver cómo eran recibidos por la gente. Esta supuesta apertura, que me presentó como una democratización en la selección del candidato, significaba dejar la sucesión en sus manos, pues es clara la capacidad que tiene un gobernador para quemar a un precandidato. Así que Cárdenas anda viendo cómo le hace para influir, pues es claro que la Corriente Democrática tiene sus miras puestas en la sucesión presidencial. Posiblemente, en sus delirios de grandeza, Muñoz Ledo piensa que puede lograr un arrastre suficiente para ser postulado candidato a la Presidencia de la República. En cuanto a Cárdenas, yo creo que simple y llanamente se dijo: “Así le hacía mi apá”.

POR ESO es de suponerse que la moderna “corriente crítica” del PRI Estatal no tiene más interés que el chambismo tras la caída de ese instituto en las dos recientes elecciones, y con un crecimiento espectacular del Movimiento de Regeneración Nacional que será quien dispute la Gubernatura al PAN, sobre todo tras los conflictos entre los Yunes rojos, internamente y, para variar, con el yunismo azul que busca acomodar sus fichas.

AL PRI, lo que le afecta, en realidad, más allá de la corrupción de Javier Duarte y sus secuaces –y la protección que ahora tienen del “Gobernador ex justiciero”, es la división interna entre dos grupos: el que encabeza José Francisco Yunes Zorrilla y el de Héctor Yunes Landa, ambos encaprichados en ser candidatos a Gobernador el próximo año, sin más argumento que “sus pistolas”, y una pasividad del “tricolor” nacional a quien pareciera no importarle el Estado de cara al proceso que se avecina. Por ello, por más corrientes críticas que surjan y promesas que se formulen, si el Presidente Enrique Peña Nieto y el del PRI, Enrique Ochoa Reza no ponen orden en el solar veracruzano, la derrota está cantada y, no solo eso, asegurado el tercer o cuarto sitio. Así de simple. OPINA carjesus30@nullhotmail.com