Dos imágenes han recorrido la gama de todos los matices ideológicos en los medios de comunicación y en las redes sociales. La primera fue el rostro lacerado con impresionante daño a la vista de la señora esposa del secretario de Gobierno del Estado, Rogelio Franco Castán, llamada Guillermina Alvarado González.

La segunda fue la del diputado Vicente Benítez González formando alegre comitiva con los diputados panistas, quienes rodean al gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, luego de participar en una reunión en Palacio de Gobierno, para tomar acuerdos.

La primera gráfica, ofensiva en primer plano, rebasa el simple ámbito de lo estrictamente familiar. No es sólo un marido violento lo que se trasluce en ella, lo que es grave de por sí,  lo más preocupante es que se trata del segundo funcionario más poderoso del Estado de Veracruz, cuyo presunto nivel de descontrol emocional o de violencia pudiera en acciones que dañen socialmente.

En cualquier país del mundo desarrollado, la simple sospecha de un actuar tal, ya hubiera generado la renuncia del posible responsable, en vez de inventarse el expediente ridículo del hackeo.

La segunda foto, revelaría lo que se ha ido insinuando a través de los meses. La sospecha de que Miguel Ángel Yunes Linares ha empleado una ética muy flexible, que le ha llevado a asociarse con los peores enemigos que ha tenido Veracruz en toda su historia, los duartistas, vínculo del que no pueden esperarse buenos resultados.

Vicente Benítez es uno de los peores saqueadores que han atacado a Veracruz.