Es, por lo menos, curioso el que un individuo indiciado por las autoridades de una Fiscalía busque defenderse de la acusación de enriquecimiento ilícito que se le imputa por 50 millones de pesos, sin aparentemente importarle el escrutinio social que ha advertido el crecimiento expansivo de su patrimonio, nada oculto, expuesto a luz pública. Alega inocencia, sin embargo registra cinco cuentas bancarias (más lo que aparezca) y ocultó una por 10 millones de pesos, ¿cómo justificar esas cantidades cuando solo recibe ingresos por cargos públicos? Si bien los vericuetos legales y políticos pudieran lograrle impunidad los ojos de la sociedad debieran permanecer críticos e implacables en este como en otros casos como forma social de combatir la corrupción de los políticos y compañía.