Por Eugenio Bruno López Ortiz

No cabe duda que a todos nos queda claro, que los tiempos de la política en México han cambiado en forma  acelerados,  por una parte las decisiones políticas cupulares ya no son apropiadas ni admisibles a la vista de la ciudadanía,  que se encuentra prácticamente sin  opciones de elección, la ausencia de liderazgos y credibilidad de todo el aparato que integra el poder político (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) han conseguido que el pueblo en su conjunto adopte una actitud sumisa en su comportamiento guardado en el silencio y el temor ante los acontecimientos de inseguridad, restricción de libertades por el abuso de poder so pretexto de combatir a la delincuencia, que nos mantiene guardado en  el silencio,  pero sumamente preocupados por los escenarios cotidianos,  que podemos enumerar; como el primero y más alarmante de violencia y por otro las expectativas nulas de salir  de la hondonada en que estamos inmiscuidos todos los mexicanos, no se avizoran caudillos  que  garanticen la preeminencia del Estado de derecho, que poco a poco se ve acotado, por quienes detentan el poder político, abonado por las reformas claro-oscuras de nuestros legisladores en el Congreso de la Unión, en segundo lugar, la ausencia de liderazgo  en los candidatos  de todos los partidos políticos que viven en la cerrazón de  aquel escritor Mauricio González de la Garza, que escribió en su libro  “La última llamada” en el que comenta entre otras cosas ; “México es el país de los milagros, en México pueden desaparecer los poderes y no pasa nada”.

No se ve un proyecto inteligente sólo comentan que primero el programa y luego el candidato pero nada más, al parecer  no saben qué hacer para  llamar la atención y simpatía de los más de 112 millones de habitantes, que  aún algunos no votan, si influyen en las decisiones de los demás por el futuro que les espera, el barco sin remos en el que estamos navegando, no puede seguir así, la clave del problema está en  la actitud de la gente del pueblo entero que finalmente es quien tiene el deber y derecho inalienable de elegir a su gobierno incluso de cambiarlo si fuere  necesario, esto no es un invento son derechos constitucionales consagrados en un proyecto de vida, que  costó vidas y lágrimas de mucha gente, un legado que debe prevalecer sobre todas las cosas.

Un notable pensamiento de Gustav Radbruck, con el que gustosamente se engalanan eminentes políticos, expresa: “La democracia es con certeza un bien loable, pero el Estado de derecho es como el pan diario, pero como el agua para beber y el aire para respirar,  y lo mejor de la democracia es precisamente esto, que ella es sólo apropiada para garantizar el Estado de derecho” el problema de los Mexicanos es de todos no de unos cuantos o los de siempre valorémoslo, es el momento de preocuparnos por el futuro de nuestros hijos, que país queremos heredar a nuestras futuras generaciones preguntémonos:

¿Cuál es esa democracia del Estado de derecho? Según la clásica formulación de Abraham Lincoln, democracia es the government of the people, by the people, for de people, yo acentúo by the people. La democracia tiene que ser conformada por el pueblo. La democracia soporta tener a su cabeza personalidades mediocres, pero no resiste el comportamiento pasivo del pueblo. Ya Pericles, el abuelo de la democracia, había hablado de la  democracia activa, que debe practicarse y exige la mayoría de edad política y la conciencia de responsabilidad de los ciudadanos.

La democracia del Estado de derecho no es una realidad substancial que pueda poseerse permanentemente, no es un estado donde pueda descansarse una vez alcanzado. Democracia y Estado de derecho son algo procesal, que tiene que ser constantemente formado, como tarea continua. Es necesario, en interés de la democracia libre y jurídico-estatal, que el ciudadano intervenga, que se inserte en ese ininterrumpido proceso y no se desentienda cuando ocurre injusticia. Sólo mediante una participación semejante de todos en la democracia puede ésta mantenerse en vida.

La democracia es la más difícil de todas las formas estatales, es una forma de riesgosiempre amenazada de fracasar. El Estado autoritario, la dictadura, es más fácil para los “súbditos”. Ellos sólo tienen que obedecer, nada más, de todo el resto se ocupa el Estado o el partido. El individuo no necesita pensar ni decidir por sí mismo en lo que atañe al bienestar común. Por ello, no es en manera alguna sorprendente que los ciudadanos  de los países que fueron liberados de la dictadura sientan de nuevo nostalgia por ella. Dicen, en efecto, que si se callaban la boca en el nuevo Estado autoritario se podía vivir muy bien; vivir bien, ¡pero sin libertad! Cita de Arthur Kaufmann.