Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
06 de junio de 2017

¡Mi más cumplido agradecimiento al presidente municipal de Xalapa, Américo Zúñiga y al Honorable Cabildo por la distinción en el marco del Día de la Libertad de Expresión. Gracias!

Dice la PGR que este miércoles solicitará formalmente al gobierno de Guatemala la extradición de Javier Duarte.
Eso dice la autoridad y dice bien.
Ya lo habíamos adelantado en este espacio el pasado 30 de mayo, como muchas otras primicias publicadas a lo largo de siete largos años de pergueñar este espacio de opinión, información y análisis.
Y va de cuento.
En el marco del cacheteado día de la libre expresión de las ideas hay quien dice que escribir una columna política es fácil. Tal vez lo sea. No lo es tanto cuando hay que escribir y mantenerse como lectura obligada los 365 días del año.
Más de dos mil  400 columnas se han escrito bajo el rubro de “Línea Caliente” –aparte espacios en la radio y atender las redes- y eso, de verdad, es una buena chamba que por lo general es descalificada por tu propio gremio, amén de estar sujeto a jaloneos por el juego de los intereses políticos.
Es por ello que bien se afirma que el nivel de lectura de un espacio de opinión hoy se mide por el número de mentadas de madre que te llegan a tu correo y en el mismo Facebook o Whatsapp.
En realidad en estos tiempos no hay nada que celebrar, menos el Día de la Libertad de Expresión tan amordazada y amenazada hasta la muerte misma.
Queda, sin embargo, como consuelo saber que un buen día te leen 75 mil 344 en Política al Día, de los Licona; 22 mil en el portal de Antonio Flores junior; 18 mil en “Libertad Bajo Palabra”, de Armando Ortiz; 30 mil en Gobernantes.com, de Carlos Jesús; 90 mil en la portal de “Oye Veracruz” de nuestro apreciado Santos Solís y 67 mil que te miran en la cadena de Toño Pino o 30 mil en promedio en “Sociedad 3.0”.
Ello sin contar los espacios tradicionales Notiver, El Liberal del Sur, Noreste, El Buen Tono, El Portal y la cadena de los Macías que reproducen la “Línea Caliente”.
Esa es la lucha de lo cotidiano en donde con toda la facilidad del mundo te endilgan motes de chayotero, inventor de notas, mariguano y gentilezas al socarronamente compararte con Christian Andersen.
Y sí, en ocasiones se te van las cuatro, pero cuando te la llevas de bandera, nadie te pela.
Aun presente en la memoria aquel pasaje de la historia sucedido días antes de que se fugara Javier Duarte. Me citó en el Lencero para comentarme que había sido cateada la casa del estero de Miguel Angel Yunes, que si me servía la información la hiciera pública, solo me pedía guardar la fuente.
Lo hice.
Eso fue lo que aprendí de mis maestros Manuel Buendía, Pancho Cárdenas, Angel T, Ferreira y don Miguel López Azuara –mi maestro en la revista Proceso-.
Así pues, publiqué y al llegar el desmentido y no poder revelar mi fuente,  me obligó a ofrecer una disculpa pública. Y ya sabrás, el mundo se me vino encima y sería objeto de múltiples ataques y mofa de mis compañeros.
Hoy que está preso Javier Duarte, que es gobernador Miguel Angel Yunes Linares y que el tema ya es historia hago pública la infidencia del ex gobernador hoy por cierto de regreso a los titulares.
El subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales de la PGR, Alberto Elías Beltrán, informó que México solicitará formalmente la extradición de Javier Duarte este miércoles.
Dice esta fiscalía que los gobiernos de Guatemala y México dialogaron sobre el traslado de Duarte y acordaron que, de acuerdo al tratado de extradición entre ambos países, se procedería a solicitar dicho proceso una vez que México elaborara el expediente debido sobre los crímenes de los que se la acusa.
Desde luego que la trampa de asunto está en los factores jurídicos –y más los políticos- que inciden en la extradición, mismos que mueven a la sospecha.
En primer término se entendería que no fue deportación -a pesar de que Duarte entró a Guatemala de manera ilegal- para no contaminar el proceso electoral.
En segundo término la dilación en la solicitud de extradición y la lectura primaria de los cargos que se le imputan que son por delitos menores –incumplimiento del deber legal y presunto lavado de dinero- que no ameritan más de cinco años de cárcel por lo que en menos de tres años estaría libre.
En tercer lugar la silenciosa visita de dos días del presiente Enrique Peña Nieto a Guatemala, justo horas después de concluir la jornada electoral, quesque “para revisar la agenda” cuando en décadas un presidente mexicano se ha parado a revisar nada de agendas.
La visita presidencial tiene otra lectura.
¿Qué representa para el gobierno federal priista que uno de sus cachorros se haya llevado ilícitamente 35 mil millones de pesos?
35 mil millones son muchos como para dejarlos a la atención de cualquier juez. Son 35 mil millones, parte de los cuales se entregaron en complicidad a la cúpula del poder federal, incluso desde la campaña presidencial misma.
No olvidemos que Peña sabe que Duarte retiró en 2012 –año de la campaña presidencial- la cantidad de 3 mil 200 millones en efectivo, según denuncia del ex presidente Felipe Calderón. Sabe de la licuadora, los negocios con Videgaray en la organización de los Juegos Centroamericanos y cómo está el bisne con Morena.
Duarte no es un raterillo cualquiera.
Requiere de la máxima atención presidencial ya que es parte de la nomenklatura. Es reputado miembro de la mafia del poder. Sabe demasiado y requiere un tratamiento especial.
Viene el 2018, año de la sucesión.
Hay que proteger a Duarte en una cárcel. Dejar que pasen unos años. Que esté bien defendido por su estaff de abogados que solo le están cobrando cien millones de pesos por la defensa y dejar que se alejen los reflectores de este tremendo pillo para que silenciosamente en unos años más salga libre y con un buen billete se vaya a Woodland, su Duartelandia que tanto soñó.
Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo