Tragos de café
Por David Carrión
12 de junio de 2017

No es lo mismo ver mi taza de café medio llena, a verla medio vacía. La cuestión de percepción es la que puede perfectamente simular una victoria, o una derrota. La demografía electoral, sin embargo, procura usarse como herramienta estadística para poder medir el peralte del resultado en un proceso electoral. El piso de votación es lo que se aspira y cuida, lo que resultó y se puede medir para corregir el rumbo, tomar distancia o acelerar en los procesos venideros, sobre todo el próximo. Esos resultados, de datos duros, son la herramienta perfecta para eliminar la simulación.

Miremos la numeraria de los resultados de esta elección y las dos anteriores, con los tres punteros:

El 7 de julio de 2013, la coalición PRI-PVEM-Panal logró un total de 1,242,263 votos, en segundo lugar el PAN (solito) llegó a los 783,500 votos, en tercer lugar el PRD (también solito) alcanzó los 398,177 sufragios.

El 5 de junio de 2016, la colación PAN-PRD sumó 1,055,544 votos, luego la mega colación entre el PRI, PVEM, PANAL, Alternativa Veracruzana y Partido Cardenista llegaron a los 929,485 votos, y el recién “creado” Morena llegó a los 809,954 votos.

En la reciente elección, el 4 de junio de 2017 quedaron así: la coalición PAN-PRD reunió 1,050,213 votos; el PRI junto con el PVEM logró 648,066 (contando los de la coalición y los municipios donde fue solo) y Morena con 556,875 sufragios alcanzados.

Analizando burdamente vemos que de 2013 a 2016 el PAN y el PRD conservaron, como oposición el tercio de votantes y, un año después de la victoria en la gubernatura, siguen en los mismos números que hace 5 años.

El PRI tiene una evidente caída después del tsunami de Duarte, de más de 40% de sus votantes desde 2013, hasta aquí sería ocioso decir que el voto “duro” del PRI es lo que lo ha mantenido a flote, ya que es una medición muy imprecisa, considerando que en esta elección fue más solo que otras veces. ¿Será que sus satélites dejaron de ser artificiales y ahora son naturales?

Morena en 2016 repuntó después de la devastación de dos sexenios pasados. Pero para este año ha ganado en 4 de las 10 ciudades más importantes, una plataforma idílica en términos administrativos y de negociación, pero, no en términos electorales donde perdió una importante cantidad de votos, su piso se vio disminuido.

Las sumas de los pisos de votación de los tres punteros y su comportamiento nos hacen preguntarnos, ¿Dónde quedaron los votos restantes de 2016 a 2017? Los partidos punteros perdieron casi el 22% de sus votantes, ese voto en 2017 se dispersó hacia los demás partidos.

En la pasada elección de ediles el pastel se partió en 7, ahora en 2017 se partió en 10 pedazos. Se robusteció la democracia utópica del buen reparto, pero ojo, la simulación de la victoria aquí tiene muchas variantes, pero o es una u otra: ganaste posición o ganaste ventaja.

@DavoCarrión

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