Solo por ineptitud o incontrolable adicción patológica hacia lo ajeno es posible acrecentar una deuda pública, sin dejar constancia de su aplicación en infraestructura carretera, agropecuaria, hospitalaria, equipamiento urbano, etc. Fueron doce largos años de voraz cleptomanía dejando al erario veracruzano en sequía permanente, y lo peor, incapacitado para revertir en lo inmediato sus consecuencias, porque, además, heredaron una burocracia obesa, engordada con afán de “crear fuentes de trabajo”, así fue la ineptitud para gobernar y la ignorancia sobre el servicio público. Las consecuencias la pagamos los veracruzanos y un gobierno bianual que carga con ese fardo. De los culpables algunos están presos, pero muchos más gozan de cabal libertad, frente a una sociedad cuya mitad poblacional vive en condiciones de acentuada pobreza.