Mientras Alejandra Barrales, dirigente formal del PRD, habla de alianzas sin consultar a las tribus que deforman ese partido, gobernadores como Silvano Aureoles, más priista que Ochoa Reza, se apunta como precandidato a la presidencia de la república por el Sol Azteca, a su tiempo lo hará Graco Ramírez y los Chuchos aguardan su turno para asestarle el golpe final a Barrales para quitarle la batuta negociadora de cualquier alianza. Por fuera, a la caza de la presa perredista, están López Obrador, el PAN y hasta el PRI, no por el sedimento de membresía en el PRD sino porque cualquier porcentaje es de utilidad en resultados electorales. Las opciones del PRD son pragmáticas, pues por ideología Morena sería la alianza más lógica, pero corre el riesgo de salir de la elección sin militancia ninguna. Con el PAN solo hacen comparsa pero salvan el registro y obtienen ñapa; con el PRI será difícil porque juntos, solos, no avanzarían mucho.