CAMALEÓN
Alfredo Bielma

Si en el PRI se empecinan en un diagnóstico optimista a cargo de los resultados de la jornada electoral del 4 de junio, apenaría recordarles el avance territorial que paulatinamente va conquistando el Partido Acción Nacional, que en esta ocasión añade una entidad federativa más a su inventario con lotes provenientes de la reserva priista, y que poblacionalmente ya gobierna a un mayor número de mexicanos. No termina allí el mal semblante priista, porque a su izquierda está MORENA cuyo paso arrollador al menos en Veracruz ya le otorga la facultad de gobernar una significativa porción de veracruzanos a partir de enero próximo.
Doña Margarita Zavala juzga que Ricardo Anaya ha hecho que el PAN se parezca cada vez más al PRI, se refiere a los “vicios” de la conducta político-electoral asumida por el otrora partido doctrinario, cada vez más terrenal. En purismo pudiera asistirle la razón, pero ni duda cabe que el PRI está hecho a imagen y semejanza de un sistema político al que ha sabido adaptarse con maleabilidad asombrosa en una relación simbiótica por la que uno se alimenta del otro, ¿qué democracia es perfecta? Es de reconocer que el PRI se ajusta a las circunstancias y que desde 1946, año de su creación, dicta cátedra política y sentó hegemonía, hasta que en 1997 se acentuaron los síntomas de su anquilosamiento, cuando perdió la mayoría en la Cámara de diputados del Congreso de la Unión, y en Veracruz perdió 107 ayuntamientos. Sí el PAN copia el modelo priista será porque la doctrina no cacha votos.
En esa lógica, el PAN abandonó su enclaustramiento ideológico y optó a partir de 1988 por un pragmatismo impuesto por la Realpolitik mexicana, cuando el PRI-gobierno se vio forzado a negociar “concesionando” (¿quién no recuerda aquel periodo de las afamadas “concertaciones” de la década finisecular?). Fue el trampolín panista para lograr la alternancia en 2000 hasta 2012, inicio de la Restauración priista. Pero, es obvio, en esencia la queja de doña Margarita se origina en que Anaya no juega en piso parejo y la aventaja, también a Moreno Valle, en el proceso de precandidaturas al interior del PAN.
Volviendo al PRI, hablar de “reposicionamiento” solo porque conserva el gobierno del Estado de México es sufrir amnesia y evadir que hace seis años tuvieron un millón de votos más que ahora. También olvidan que el PRI perdió Nayarit y que en Coahuila su triunfo huele a fraude. Fantasean en Veracruz cuando se acude al erróneo expediente de comparar el número de votos de esta elección con los obtenidos en 2016, en incongruente confusión al comparar tipos de elección diferente.
Deben remitirse a 2013, cuando el 7 de julio se eligieron ayuntamientos en Veracruz (en aquella ocasión también se eligieron gobernadores y alcaldes en otras entidades, estuvieron en juego 13 capitales estaduales, de las cuales el PRI ganó 8, un año electoral exitoso para el PRI). En esa elección en Veracruz hubo elevado abstencionismo (cerca del 60 por ciento), para elegir 212 alcaldes y 50 diputados locales. La queja de la oposición al PRI fue sobre la compra de votos, entrega de dádivas y la intimidación a los electores. En cuanto a resultados fue el reverso de la reciente elección, pues, por ejemplo, en Xalapa en 2013 el PRI colocó cinco regidores, ahora solo uno, mientras morena ahora tendrá 6 ediles.
Otra diferencia: en 2013, los partidos Revolucionario Institucional, Verde Ecologista de México y Nueva Alianza integraron la coalición Veracruz para Adelante, triunfando en 99 municipios y en 27 de los 30 distritos electorales, 36 de las 50 curules de la LXIII Legislatura fueron progobiernistas. Entonces se celebró la victoria como un refrendo de confianza al gobernador Duarte de Ochoa y al primer año de gobierno de Peña Nieto. El PRI logró un millón 300 mil votos; mientras el PAN perdía cerca de 500 mil votos; gobernaría el PRI 24 de las 30 principales ciudades del estado, casi un 70 por ciento de la población veracruzana ¿se nota la diferencia?
Por los resultados del actual proceso, el PRI pierde Pánuco, Poza Rica, Tuxpan, Martínez de la Torre, Xalapa, Veracruz, Córdoba, Coatzacoalcos, Minatitlán, San Andrés Tuxtla, Zongolica y Fortín de las Flores, entre otras muchas que ganó hace cuatro años. ¿Qué ocurrió al PRI en ese interregno?: Ayotzinapa, Tlatlaya, Casa Blanca, Duarte de Ochoa, César Duarte, Borges, Medina, Yarrington, Moreira, gasolinazos, energía eléctrica cara, la alternancia con un gobernador experto en el arte electoral y un López Obrador haciendo campaña día y noche durante los 365 días aprovechando ese caldo de cultivo en el que el enojo social es el principal ingrediente. Pero, como decía Heródoto: “Sean en fin estas cosas como son y como desde un principio han sido”.
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