No por legitimidad sino por representatividad debieran los políticos mexicanos apoltronados en el Congreso de la Unión iniciar una consulta pública para instalar las reformas que hagan en México una realidad la Segunda Vuelta electoral. El soporte de esa propuesta lo aporta el resultado electoral de las elecciones habidas en nuestro país en las dos últimas décadas pues quienes acceden al triunfo llegan apoyados por un tercio, o menos, de la votación general. Ese fenómeno tiene raíces en el sistema de partidos políticos sin estructura, organizados solo por conveniencia y para medrar del presupuesto público pues nada hacen para fomentar la participación ciudadana, de allí el elevado abstencionismo. La propuesta de la Segunda Vuelta la ha venido impulsando Manlio Fabio Beltrones, del PRI, y ahora la hace suya el PAN, a través de su presidente, Ricardo Anaya Cortés. Por los acontecimientos en México la conseja pública iniciaría el rumor sobre un procedimiento para taparle el paso a AMLO, pero los intereses del país van más allá de esa trama perversa, porque, además, es libre el camino para las grandes alianzas, pero no para el 2018.