Víctor Andrade Miranda

El politólogo y teórico inglés Peter Mair ofrece en el conjunto de su obra un modelo de partidos que bien puede servir para el análisis en el contexto del régimen político mexicano y que se complementa muy bien con la noción de Andreas Schedler (2016) de régimen electoral autoritario. Si bien estas elecciones han sido un claro ejemplo de un sinnúmero de violaciones a las prácticas democráticas y, en términos generales al Estado de derecho, prácticamente ficticio, los partidos políticos han demostrado ser capaces de imponer su ley a través de los medios que les garantiza el propio Estado y que, frente a la emergencia de fuerzas políticas como Morena y posibles procesos de  alternancia política, ven amenazada su supervivencia en las arenas electorales. De esta manera, los intereses de los partidos políticos se articulan en torno a la incertidumbre y no a agendas públicas construidas por las demandas de la sociedad civil.

En esta línea, son los partidos en el gobierno los que conforman el Estado y proveen este servicio. Es su propia existencia la que garantizan. Los partidos cártel, como los denomina Mair, son capaces de limitar la competencia entre ellos mismos; limitan la posibilidad de que haya disensos intraorganizacionales, minimizan las consecuencias de la competencia al interior del cártel y se protegen a sí mismos de las consecuencias de la insatisfacción electoral, tal como lo vimos en la elección del Estado de México. De esta manera, los partidos consolidan a nivel subnacional regímenes electorales autoritarios a través de la manipulación severa y la violación de normas democráticas esenciales.

Análisis de la jornada

La jornada electoral del 4 de junio nos deja muchos elementos para el análisis.  En términos electorales, el Estado de México, la joya de la corona de las presentes elecciones, parece hasta ahora que será gobernado nuevamente por el PRI,  en una disputada y cerrada elección frente a Morena. En segundo término, Nayarit y Coahuila  serán gobernados por PAN-PRD y PRI, respectivamente, victorias no poco menores en dicha contienda, y, en último término, en Veracruz,  pese a haberse consolidado por segunda vez Morena en municipios importantes como Poza Rica, Coatzacoalcos y Minatitlán y disputar algunos más, la coalición PAN-PRD logró conseguir una aplastante mayoría en el nivel municipal en el Estado, de suma importancia, teniendo en cuenta la elección para gobernador, diputados y la presidencial en 2018.

El PRI no está muerto

En esta elección, pese al descontento generalizado y el rechazo hacia el PRI, en una jornada llena de violencia e incertidumbre, así como con insuficiente capacidad de los órganos electorales para brindar legitimidad a los procesos electorales, el PRI impuso su ley en el estado electoralmente más importante del país. Logró mantener Coahuila y obtuvo un importante número de votación política en Veracruz, detrás de la coalición PAN-PRD con  el mayor número de municipios obtenidos, hasta ahora poco más de 35.

La victoria del PRI es, pese a todo, una victoria y alarmante. El resultado de este fin de semana, aún en proceso, da muestra del régimen electoral autoritario  de facto (Schedler, 2016) que ha logrado instaurar el PRI en el nivel subnacional y en estados donde los índices de la violencia son alarmantes. La jornada electoral estuvo llena de ataques a candidatos de cualquier fuerza política, homicidios, denuncias ciudadanas y sobre todo de incertidumbre.  Las autoridades electorales han demostrado una vez más que pese a la infraestructura y presupuesto que ostentan, no son capaces de garantizar jornadas electorales sin violencia y con legitimidad,  aún con la ayuda de los organismos electorales y la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FEPADE). Por otro lado, la  continua intervención del estado sigue presente en diversas formas y no ha dejado de favorecer más que perjudicar al PRI.

El PRI es consciente de su declive. La ausencia de una dirigencia nacional centralizada, y cada vez más inestable, brindó absoluta libertad a las élites políticas locales para ejercer su voluntad en los estados, instaurando regímenes autoritarios con mano de grupos de violencia organizada, consolidando zonas de guerra en todo el país. Frente a dicha incertidumbre, el PRI desplegó en esta elección hasta donde le fue posible todo su arsenal de tácticas clientelares y terroristas y operó como un partido cártel (Mair, 1997),  un claro aviso de que aún no está muerto.

Pese a todo, Morena ha logrado consolidarse como  el partido político con más fortaleza en el sistema de partidos cártel,  pues ha logrado prácticamente disputar casi todas las elecciones, a excepción del norte, sin necesidad de integrar coaliciones como en el caso del PAN y PRD. En Veracruz, el balance no es tan negativo, pues hasta el momento ha obtenido 17 ayuntamientos, entre los cuales destacan Xalapa, Poza Rica, Coatzacoalcos y Minatitlán, ciudades estratégicas frente a la elección para gobernador en 2018  y, en términos globales, quedó en tercer lugar respecto del número total de votos obtenidos en la contienda detrás de la coalición PRI-PVEM. La coalición entre PAN-PRD ha logrado ser más que efectiva en Veracruz, logrando obtener un total de 112 municipios, entre los que destacan Veracruz, Boca del Río, Álamo, Córdoba, Cosoleacaque, Medellín, etcétera. De repetirse esta tendencia en la elección para gobernador, el PAN-PRD ganaría sin problemas nuevamente la gubernatura.

A estas alturas, los presentes comicios deben servir de lección tanto para el dirigente nacional de Morena como para las fuerzas políticas y la sociedad civil en general. Poner en la agenda la integración de un frente amplio ciudadano y una posible unión de las izquierdas rumbo a 2018, es indispensable, pues de no ser así se corre un gran riesgo de estirar dicho régimen y dar oxígeno al PRI. Otra derrota como la sufrida en el Estado de México sería inaceptable, pues el saldo se ha pagado duro por muchos años.

Bibliografía

Mair, P; Richard Katz. (1997) “Organización Partidaria, Democracia Partidaria y la Emergencia del Partido Cártel ”.

Schedler, Andreas (2016).”La política de la incertidumbre en los regímenes electorales autoritarios”.