Catarsis
Por Elsa de León Aguirre
05 de junio de 2017

Por parte de mi trabajo asistí a un taller sobre el uso no sexista en el lenguaje.

Y creo que en los grupos que luchan tanto por la equidad de sexos como por el uso incluyente del lenguaje están cayendo en una lucha estéril, y no porque no sea importante ser incluyente, sino que se está revolviendo la gimnasia con la magnesia debido a que los propios “expertos” no tienen bien claro hacia dónde quieren llegar.

Considero que los grupos feministas están luchando por algo que en México ya existe, que es la inclusión (consagrada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos). Por lo que debemos luchar es por evitar la ignorancia de las ciudadanas y los ciudadanos. Nuestra Carta Magna menciona a los “ciudadanos”, que por regla o por convención del lenguaje es una palabra genérica que incluye a hombres y mujeres.

Pero desde la ocurrencia de Vicente Fox con su “chiquillas y chiquillos”, nos vino a crear confusiones y a caer en barbaridades propias de la gente ignorante.

Aunque no soy experta en la cuestión del lenguaje sí tengo muy claro qué es lo que quieren los grupos minoritarios: ser tomados en cuenta, no ser excluidos y ser respetados. Esto debe ser considerado hasta dentro del lenguaje que usamos cotidianamente.

Hay que poner en claro varias cosas: la violencia existe y ha existido, en contra de las mujeres, de los hombres, de la niñez y de la juventud.

Existe también el feminicidio, que en Veracruz ya fue hasta necesario emitir una Alerta de Género (que debería ser de sexo, porque el género sólo es un accidente gramatical en el español).

El sexo es lo que nos define como hombres o mujeres o hermafroditas, según el sexo con el que nacemos.

En el español, el género de las palabras define si son femeninas o masculinas, sobre todo los sustantivos (casa, mesa, taza, lápiz, cierre, pozo), así como los artículos (el, la, los, las) y los adjetivos (rojo, espeso, frío, pequeño), aunque también existen neutros o genéricos (indígena, atleta, anestesia, artista). Pero las palabras NO tienen sexo, tienen género (esto se aprende desde primero de primaria).

Por eso cuando preguntan en una encuesta: “¿Sexo?” Es masculino y femenino. ¿Por qué no preguntan “género”? Porque el género sólo es un accidente gramatical que nos dice precisamente cuál es el género de las palabras. Por eso pienso que en la lucha de “Equidad de género”, está mal usada la palabra “género”. Debe ser “sexo”, ya que se está luchando porque la mujer sea menos agredida y más tomada en cuenta.

El punto es que todas y todos debemos tener más apertura y ser incluyentes, aunque ya se contempla tanto en las leyes (ciudadanos), como en el lenguaje (palabras femeninas -maceta, silla, cama-, masculinas -vaso, plato, jardín- y neutras o genéricas -estudiante, ciclista, comunista-.

Yo creo que no es necesario cambiar el lenguaje, tampoco inventar palabras nuevas, ya que existen reglas precisas para usarlo correctamente, y algunas son aberraciones e ideas de quienes se sienten desplazadas y desplazados. Hay que usar las palabras cuando sean femeninas y masculinas o neutras, sin tenerles miedo.

Sin embargo, lo que está bien es la idea de ser incluyentes, más sensibles a la hora de que una mujer sea maltratada. Las mujeres somos igual de capaces que los hombres. Que nos evalúen igual a las mujeres que a los hombres; que tengamos las mismas oportunidades que los hombres.

Debemos entender que no somos iguales. Somos diferentes, pero complementarios. Cada uno vino con una fisiología diferente, a cumplir funciones diferentes. No nos confundamos.

Las mujeres debemos seguir siendo mujeres y actuar como mujeres, no somos hombres; y los hombres también deberán actuar en consecuencia (no son mujeres, ni piensan como mujeres). Debemos reconocer también a quienes tienen otra orientación sexual (LBGTTTI), si queremos ser incluyentes.

Creo que la idea de las Unidades de Género no está muy clara dentro de las instituciones. Aunque el lenguaje es una parte muy importante de nuestra cotidianidad, en lo que se tiene que trabajar, es en ser más sensibles e incluyentes.

Las feministas no se tienen que andar peleando con el mundo; que promuevan la apertura, la inclusión, no el odio hacia los hombres.

Sí hay que dar a conocer todas estas cuestiones, como las nuevas leyes, las nuevas unidades de equidad (pero no de género, sino de sexo); sensibilizar a los hombres hacia el trato a las mujeres, y trabajar en la autoestima de las mujeres para que sean tratadas con respeto.

Que las mujeres sean consideradas para los puestos, trabajos y oportunidades de igual manera que los hombres, pero que ellas también busquen esas oportunidades.

Luchemos contra la ignorancia. Luchemos contra la inequidad. Luchemos por la responsabilidad de cada quien.

En México, a partir de los 18 años eres adulto, mujer u hombre; que todos asuman sus responsabilidades y roles. Y tratemos entre todos de que haya equidad.

En mi caso, tuve tres hermanos hombres antes que mí. Aprendí mucho de ellos, sobre su egoísmo y su machismo, y cuando me tuve que defender, aunque fuera a golpes, así lo hice. Dios me dio un hijo y una hija, y los menciono así porque primero nació el hombre y luego la mujer. Sin embargo, su educación ha sido equitativa. Han tenido los mismos derechos y las mismas responsabilidades. Tampoco yo me hice nunca la víctima por haber tenido tres hermanos egoístas y machos. Al contrario, me hicieron fuerte.

Esto es una cuestión de equilibrio. Nadie es más importante que nadie, ni hombres, ni mujeres, simplemente somos todas necesarias y todos necesarios.

El fin de semana, escuchaba una canción de Gabilondo Soler Cri Cri: La patita, que dice, “La patita, de canasta y con rebozo de bolitas, va al mercado a comprar todas las cosas del mandado. Se va meneando al caminar, como los barcos en altamar. La patita va corriendo y buscando en su bolsita, centavitos para darles de comer a sus patitos, porque ella sabe que al retornar, toditos ellos preguntarán: qué me trajiste, mamá cuacuá, que me trajiste cuaracuacuá. La patita, como tú, con canasta y con rebozo de bolitas, como tú, se ha enojado, como tú, por lo caro que está todo en el mercado. Como no tiene para comprar, se pasa el día en regatear. Sus patitos, van creciendo y no tienen zapatitos, y su esposo, es un pato sinvergüenza y perezoso, que no da nada para comer y la patita pues qué va a hacer. Cuando le pidan, contestará: coman mosquitos cuaracuacuá”.

Sólo para la reflexión, con esta canción crecimos muchas generaciones. No es nuevo que la mujer se ocupe de los hijos. No es nuevo que la mujer no tenga buenas oportunidades. No es nuevo que sea la mujer la que saque a los hijos adelante. Pero esta canción hecha por un hombre, ¿a quién pone en mal, a la mujer o al hombre? ¿A quién agrede, a la mujer o al hombre?

Entonces, tanto hombres como mujeres asumamos que cuando tenemos una obligación, ambos tenemos la misma responsabilidad.

Apoyémonos.

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