Pulso Crítico
Por J. Enrique Olivera Arce
06 de junio de 2017

En Perspectiva

Los resultados preliminares de la elección del pasado domingo en Veracruz no son nada halagadores. Fruto de una guerra de lodo, violencia, coacción, compra de conciencias capitalizándose pobreza e ignorancia, así como el descaro de los operativos ya clásicos del “mapacherismo” electoral” a lo largo y ancho de la entidad, el proceso de elección de los 212 ayuntamientos evidenció la enorme pobreza comicial que acompaña a la crisis de un régimen político caduco.

La elección con todas sus irregularidades, presuntamente fue legal, la democracia representativa la gran perdedora y los partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD, evidenciando su pérdida de empatía con y entre el electorado.

Numeralia

Contra toda previsión dadas las condiciones por las que atraviesa la entidad, de acuerdo con el 99.7% de actas registradas a las 11 horas del lunes (PREP Veracruz), la participación ciudadana apenas alcanzó el 60 por ciento del total del listado nominal oficial de 5’ 410, 589 veracruzanos con derecho a voto; obteniéndose un total de 2’ 987, 117 sufragios, de los cuales 1’ 041, 943 correspondieron a la oficialista coalición PAN-PRD provisoriamente ganadora de la contienda como primera minoría.

De lo cual se deduce que el gobierno de la alternancia cuenta en la entidad con una base social de respaldo a nivel municipal, del 32.79 %   del total de votos emitidos y del 19.25% del listado nominal. Porcentajes insuficientes para legitimarse ante una población de más de 8 millones de gobernados.

Cabe señalar que la derecha electoral nuevamente gana una elección en la entidad gracias al aporte de un PRD que en su agonía renunciara a su rol histórico de partido de izquierda en el espectro partidista. Como primera minoría la coalición ganando pierde,  en tanto que los números no le alcanzaran para alzarse con el triunfo tanto en la capital veracruzana como en ciudades densamente pobladas como Coatzacoalcos, Poza Rica, Minatitlán, Orizaba y Cosoleacaque, perdiendo incluso San Andrés Tuxtla frente a un candidato independiente.

Por cuanto al PRI, como era de esperarse confirmó su condición de segunda minoría requiriendo para ello del soporte del Verde Ecologista controlado por el “Fidelismo”, obteniendo un total de 577, 211 sufragios como coalición, equivalentes al 10.6% del listado nominal, registrando en Orizaba y Cosoleacaque sus triunfos más relevantes, cediendo la ciudad y puerto de Veracruz a la derecha oficialista con el hijo del gobernador Yunes Linares como candidato.

En términos prácticos, en cuando a densidad y concentración poblacional regional, la influencia otrora poderosa del PRI en la entidad se desdibujó.

Lo que es por demás evidente es que tanto el PAN como el PRI de haber contendido solos, sin mediar la alianza con el PRD y Verde Ecologista respectivamente, la derrota hubiese sido más que desastrosa para ambos institutos políticos.

Lo que ya no es sorpresa alguna aunque se esperaba más, es el triunfo de MORENA en 17 de los 212 municipios en contienda, destacando Xalapa, Coatzacoalcos y Minatitlán. Participando por primera vez en comicios edilicios, solo y su alma, Regeneración Nacional pisándole los talones a la coalición PRI-Verde,  queda como tercera minoría con 553 034 sufragios emitidos a su favor, 10.2% del listado nominal.

De “la morralla” y candidatos independientes, únicamente destacan Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza con el 6.9 y 6.6% de los votos emitidos.

Como se puede observar, los números hablan de una correlación de fuerzas partidistas en la entidad en la que la pérdida de hegemonía del PRI, a la par que modifica la geografía político-electoral de la entidad, refleja la pobreza comicial de un régimen político venido a menos. El divorcio entre ciudadanía y partidocracia es evidente. No hay credibilidad y confianza en los institutos políticos y los candidatos no están a la altura de la expectativas de una población lastimada, descontenta y harta de corrupción, propuestas y promesas incumplidas. Así como tampoco el gobierno de la alternancia ha logrado en seis meses de gestión recomponer el panorama, antes al contrario, auspiciador de la guerra de lodo (con la mayoría de la prensa como caja de resonancia), inhibió la concurrencia a las urnas, incurrió en la compra de conciencias con dinero público, y satanizó a sus adversarios exhibiéndolos más como enemigos que como expresión legítima de una sociedad plural.

Se cosecha lo que se siembra. Una vez emitidos los resultados definitivos de la elección, la tarea de gobernabilidad y gobernanza estará cuesta arriba para el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, con la mayoría de la población en contra y con un puñado de alcaldes que exigirán voluntad política para gobernar con piso parejo, transparencia y recursos en beneficio de sus municipios.

Esto como antesala de nuevos episodios de guerra sucia, ya que aún antes de concluir el proceso electoral del 2017 los bacinicazos rumbo al 2018 están a la orden del día. Envalentonada, la derecha electoral y su patiño negro amarillo no cejan en su intento de reducir a su mínima expresión a MORENA, a la par que desde el corazón del país, Peña Nieto y su partido, con la misma intencionalidad irán con todo para asegurar el triunfo de quien habrá de cubrirles las espaldas.

Hojas que se lleva el viento

En los municipios más pobres y excluidos de la entidad, con población en su mayoría indígena, no se aprende aún de lo vivido. Atados a los intereses caciquiles de siempre, siguen votando a sus opresores de siempre.

Xalapa, Ver., 06 de junio de 2017

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