CAMALEÓN
Alfredo Bielma

Ha sido duro el trasiego electoral de los veracruzanos, pues solo con algunos meses de diferencia ha soportado la insistente presión de actores políticos pretendientes a cargos de elección popular; ese es un importante ingrediente de la democracia que nuestra Carta Magna clasifica entre los Derechos y Obligaciones del ciudadano.
Decía el connotado periodista norteamericano, Edgar Murrow: “Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”, para referirse al cuidado que todo ciudadano responsable debe aplicar para elegir a sus servidores públicos, para no arrepentirse de una errónea selección. Para esto requiere madurez ciudadana, sensatez para calificar e intuir cuál sería la mejor opción; con todo, debe suponerse que en ese sentido en México vamos por buen camino. Hay señales que así lo manifiestan: la alternancia, una de ellas; la competencia partidista, otra; la incertidumbre del resultado, y la acreditación del mismo, una más.
Sin embargo, no siempre ha sido así, tiempos hubo en los que el gobierno requería de la legitimación a través del voto, para lo cual debía obligarse a la ciudadanía a asistir a las urnas, para conseguirlo, en los años sesenta del siglo pasado personeros del gobierno federal circulaban el rumor de quitar la plaza al trabajador que no fuera a votar, muy fatua presión porque no existía ningún control para comprobar que así se hubiera hecho, la tinta indeleble no era de uso electoral, tampoco la credencial para votar, la democracia electoral estaba en pañales y regía el protagonismo de un partido hegemónico.
No hay razones para insinuar “que todo tiempo pasado fue mejor” en materia electoral; testimonios históricos nos muestran una democracia electoral muy estropeada, en la que resultaba vencedor quien tenía más dinero o simplemente contaba con el apoyo de los poderosos; sobre el respeto al adversario político, lo que ahora se denomina “guerra sucia” es un tierno remedo de los envenenamientos, “accidentes” o “infartos” que sufrían quienes no aceptaban la “invitación” a retirarse; en el campo se caían del caballo, en las ciudades los duelos o las emboscadas al salir de las “comidas” y uno que otro accidente de aviación resolvían cualquier diferendo electoral.
En tiempos de la república itinerante y aún en los de la República restaurada, ante las críticas por elecciones amañadas, el presidente Juárez respondía que era difícil organizar elecciones porque no había “pueblo político”, es decir, ciudadanos conscientes del significado de una elección, y porque solo votaba un fragmento de la población, segmentado a su vez por su condición económica y cultural. Tiempo ha transcurrido, los acontecimientos se han sucedido casi en tropel, pero México ha avanzado, una visión en retrospectiva ayuda a entenderlo.
Aquella frase ecuménica de Winston Churchill: “El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”, no ha perdido vigencia en el entorno mexicano, despensas, sillas de ruedas, bultos de cemento, becas, son el residuo del pasado inmediato que ni el marco normativo ni instituciones creadas para combatirlas han podido erradicar.  Pero se hace camino al andar, pues aun tropezándose nuestro sistema político prosigue en evolución permanente, al grado de que una segunda vuelta electoral asoma en lontananza, y no como imitación extralógica sino impuesta por las circunstancias; pero si hubiera que buscar un antecedente lo encontraríamos en los Tratados de Córdoba de agosto de 1821 en que para nombrar al Presidente de la Junta Provisional de Gobierno se requería mayoría absoluta, incluso conseguida en segunda vuelta.
¿Ya tenemos Pueblo Político suficiente para presumir que elegimos la mejor opción? Es decir, una ciudadanía cuya madurez de criterio permita orientar el voto por la mejor opción, sin presiones de ningún tipo, sin la influencia perniciosa de los añejos compra-votos, con instituciones acreditadas para aplicar la norma sin distingos. Ese paradigma aun no lo alcanzamos, pero después de la vorágine electoral del 2016, de 2017 y la que viene en 2018 quizá nos graduemos para pasar de la democracia electoral a la participativa.
alfredobielmav@nullhotmail.com
3- junio-2017