Ha sido tan grande la catástrofe provocada por Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa, que la sonrisa cínica de este último en el interior de un tribunal guatemalteco pone de mal humor a los veracruzanos (inclusive a los mexicanos) y les hace concebir conjeturas sobre las razones por las que el malhadado ex gobernador del Estado exhibe tanta seguridad.

La acentuada robustez del tristemente célebre preso, demuestra que no sufre por lo que se supone es un rancho con el que es alimentado en la prisión, lejos de los banquetes pantagruélicos de carácter real a los que estaba acostumbrado en Veracruz. Se nota que comida tiene, y en abundancia, para mantener su vasta humanidad.

Como en todos lados el dinero abre privilegios que aun la propia Diosa de la Justicia no es capaz de atajar y él lo tiene en abundancia, nada extraño sería que tenga comodidades y exceso de bienes, provistos por funcionarios proclives a la corrupción, que los hay muchos en todas partes, pero parece que Iberoamérica es su tierra nativa.

Como todo nos sobresalta, esa sonrisa, lo comprometido que tiene al presidente Peña Nieto, la increíble incompetencia de fiscalías (en especial la de Veracruz) y tribunales mexicanos, la reciente visita del jefe de estado nacional a aquella nación, la protección a su mujer e hijos y su desfachatez, nos ponen en alerta.

Así que, revirtiendo lo que dice el gobernador Yunes, quien apuesta a que se le borrará a Duarte la sonrisa, hay que desear que no se borre la nuestra si lo sueltan.