Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

El fin de fiesta de las campañas electorales municipales de este año en Veracruz nos lo dio, como durante prácticamente todo el mes, la diputada local por Coatzacoalcos II Eva Cadena Sandoval.
En el último día de las campañas, la “recaudadora” ofreció una rueda de prensa en la Ciudad de México en la que salió a intentar defenderse de las acusaciones en su contra y a repartir la última carga de lodo sobre su ex partido, el Movimiento de Regeneración Nacional.
Más allá de la honorabilidad y sobre todo de la credibilidad que este momento pueda concedérsele, Eva Cadena habló claro de lo que es un secreto a voces en torno del financiamiento de las campañas: el desvío de recursos públicos que a las mismas practican todos, absolutamente todos los partidos cuando están en posiciones de poder y manejan presupuestos.
Cadena Sandoval afirmó que en Morena la “usaron como coartada para ocultar muchas cosas irregulares que ellos hacen”, y añadió que “el problema de fondo, es que todos los partidos buscan recursos adicionales a los que reciben de los organismos electorales, y Morena no es la excepción”.
“Las campañas son muy costosas, cada vez más y los partidos en lugar de poner orden y dar transparencia, han optado, todos, por simular que se cumplen los topes de campaña y que el único financiamiento que existe es el público y el que establecen las reglas, cuando en realidad fluye mucho dinero sin control”, señaló Cadena Sandoval.
La diputada local por Coatzacoalcos, hay que reconocerlo, no dice falsedades en este punto. Y tampoco descubrió el agua tibia. La violación reiterada y sistemática de las vedas de promoción política, de los topes de gastos de campaña y de la ley en general son el cuento de nunca acabar de cada temporada de proselitismo político.
El derroche financiero en las campañas de los principales partidos está a los ojos de todos y no se limita a la colocación de propaganda en la vía pública. Los mítines, la movilización de grandes concentraciones de personas, implican mucho, muchísimo dinero. Carretadas de recursos que no podrían completarse con las prerrogativas ni con los recursos adicionales que reciben los partidos en temporada electoral.
Y entonces lo que sucede es que se obtienen de otras fuentes, que las más de las veces son ilícitas, al tratarse de dinero que no debería utilizarse para fines político-electorales, como serían los bonos que para pago de asesores y servicios legislativos reciben los diputados, y que de acuerdo con los dichos de Eva Cadena, en el caso de Morena se destinan a financiar las actividades de su dirigente nacional, Andrés Manuel López Obrador, que nunca ha sido transparente respecto de sus ingresos ni del financiamiento de la campaña permanente por la Presidencia de la República que mantiene desde 2006, con recorridos y concentraciones públicas por todo el país. Y como ellos están todos los demás partidos, en mayor o menor medida, dependiendo de lo lleno que esté el cajón del presupuesto al que se le mete la mano.
Independientemente del sinfín de trampas, traiciones, jugadas sucias y la infinita hipocresía de todos los actores políticos implicados en el “affaire Eva Cadena” , este lamentable episodio de rapiña y timo político-electoral deja al descubierto la debilidad de los mecanismos de fiscalización de los recursos de que disponen quienes acceden a posiciones de responsabilidad pública, así como las omisiones de los organismos encargados de vigilar que se cumpla con la ley, tanto los que revisan a los poderes Ejecutivo y Legislativo, como los electorales, que nunca se dan cuenta de los rebases de los topes de campaña, y cuando lo hacen, aplican sanciones a conveniencia, casi siempre benevolentes con quien quebranta la normatividad.
Mientras esto no cambie, seguiremos viendo y padeciendo tragicomedias como la de Eva Cadena y cochineros como los procesos electorales que se viven en todo México, año con año.
Al final, quienes perdemos somos los ciudadanos.

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